2018-03-31

Heterosexualidad y homosexualización

















En el marco de la guerra no convencional que el sistema libra contra todos, bajo el nombre de ideologías y prácticas de género, es fundamental comprender la diferencia radical entre las nociones de heterosexualidad y homosexualización.

Heterosexualidad y homosexualización son dos polos entre los que todas las relaciones humanas oscilan. La heterosexualidad es el polo natural y la homosexualización es el polo cultural.

En otras palabras, todos los seres humanos SOMOS HETEROSEXUALES por naturaleza, pero, AL MISMO TIEMPO, tenemos una TENDENCIA HOMOSEXUALIZANTE por cultura. Dicho en otras palabras, nuestra naturaleza es ser heterosexuales, pero nuestra cultura, que es también nuestra segunda naturaleza, es tender a la homosexualización. Y estos dos fenómenos se superponen.

Esto significa que, en rigor, no se puede afirmar que las prácticas heterosexuales son naturales y las prácticas homosexuales antinaturales. Pero sí hay que reconocer que las relaciones heterosexuales son relativamente más naturales, y las relaciones homosexuales son relativamente más culturales, y por lo tanto, menos naturales.

Esta es una distinción radical entre heterosexualidad y homosexualidad, lo que nos permite hablar, de manera más apropiada, de homosexualiZACIÓN. Es la misma distinción radical que existe entre sexo y género, de lo que hemos tratado en otros trabajos.

Teniendo en cuenta esta lógica polar, hay que rechazar radicalmente las categorías dominantes según las cuales se ES heterosexual O BIEN se ES homosexual, así como el resto de combinaciones. De hecho, la fórmula más cercana a nuestra tesis es que todos somos bisexuales, pero en el sentido restringido que estamos exponiendo, estableciendo una distinción básica entre heterosexualidad natural y homosexualización cultural.

Insistimos, entre heterosexualidad y homosexualización hay una diferencia esencial, y es que la heterosexualidad pertenece a nuestra naturaleza, y la homosexualización es parte de nuestra cultura o segunda naturaleza.

Esto significa que no se puede elegir entre heterosexualidad y homosexualidad, como si fuesen categorías paralelas, equiparables, excluyentes, alternativas, etc. Porque, insistimos, se ES por naturaleza heterosexual y se TIENDE, por cultura, a la homosexualidad u homosexualización.

Lo que normalmente se entiende por un "heterosexual" es alguien que acepta lo que ES POR NATURALEZA, y AL MISMO TIEMPO, no reconoce, no desarrolla, no consuma, reprime, etc., su TENDENCIA homosexual POR CULTURA.

Recíprocamente, lo que normalmente se entiende por un "homosexual" es alguien que rechaza lo que ES POR NATURALEZA, Y AL MISMO TIEMPO, reconoce, desarrolla, consuma, no reprime, etc., su TENDENCIA homosexual POR CULTURA.

Entre heterosexualidad y homosexualización, o entre la persona que se considera "heterosexual" y la que se considera "homosexual", existe, por lo tanto, una distinción radical, en la medida en que, insistimos, la heterosexualidad es una esencia natural y la homosexualización una tendencia cultural.

Todo lo que decimos pone en cuestión de manera radical la ideología dominante, según la cual alguien ES homosexual o ELIGE SER homosexual, y lo hace como alternativa o como oposición a SER heterosexual.

De ahí que hablemos de una ESENCIA HETEROSEXUAL y de una TENDENCIA HOMOSEXUALIZANTE, que son dos polos de una misma lógica en la que todos estamos inscritos.

Esta tendencia homosexualizante está en el centro de la cultura humana desde su origen, y ha seguido estando en el centro del poder-religión real en la sombra, hasta el día de hoy.

Esta tendencia homosexualizante, que también podemos llamar androginizante o androginizadora, se materializa en forma de prácticas de producción y culto al andrógino. Y estas prácticas de producción y culto al andrógino conforman el centro más oculto, más religioso y más poderoso de las culturas, cosa que las sociedades profanas en general desconocen.

Esto se corresponde con lo que venimos diciendo. La sociedades SON heterosexuales por naturaleza. Pero, AL MISMO TIEMPO, están atravesadas por TENDENCIAS homosexualizadoras.

Pero en lo hay que insistir es en que estas tendencias homosexualizadoras emanan del centro oculto del poder-religión del que hablábamos, del sancta sanctorum en el que se produce y se adora al andrógino. Esta es la clave para entender la cábala, la alquimia y el resto de doctrinas esotéricas que se basan en ellas.

Insistimos en que toda la ingeniería social y todo lo que tiene que ver con el género no se puede entender al margen de esta mecánica, que es, en última instancia, de orden político-religioso, pero también, de orden ocultista, iniciático, y en definitiva, satánico-luciferino. O en otras palabras, la ingeniería del género no se puede entender si no es como una forma de magia negra, o lo que es lo mismo, de programación mental mediante trauma.

Todo esto pone en cuestión radicalmente la asociación que propone la ideología dominante entre homosexualidad y libertad, emancipación o resistencia al poder y a la religión. Al contrario, las tendencias homosexualizantes son, antes que nada, de orden coactivo. Otra cosa distinta es que no se perciban como tales, precisamente porque están inscritas en una programación de control mental mediante trauma que compartimentaliza o reprime los elementos negativos y sublima los positivos.

Pero esto no significa que la heterosexualidad no esté también inscrita en una lógica coactiva, aunque de otro orden.

Los dos polos que hemos propuesto, el heterosexual y el homosexual, son dos formas de coacción del entorno sobre el individuo. Solo que el polo heterosexual es una coacción de un orden más natural, y el polo homosexual de un orden más cultural.

Todo esto cuestiona la ideología de género dominante, que afirma que la coacción fundamental es la que acompaña a la heterosexualidad, frente a la cual la homosexualidad se presenta como algo liberador. Pero esto, como venimos proponiendo, difícilmente puede ser cierto, en la medida en que la homosexualización nos aleja de nuestra naturaleza y nos acerca a una cultura que tiende a estar dominada por el poder-religión real en la sombra.

Pues, como venimos diciendo, lo que está en el centro más oculto y más secreto del poder-religión es la producción y el culto al andrógino. Difícilmente entonces puede ser la androginización, esto es, la homosexualización, una forma de liberación, emancipación o resistencia política o religiosa. Esta es la gran trampa en la que las sociedades en su conjunto caen, víctimas, en un grado o en otro, de programación mental mediante trauma.

Porque, lo que es clave aquí es entender que esta producción y culto al andrógino, tanto en el ámbito iniciático como en el profano, se da en forma de programación de control mental mediante trauma. En otras palabras, las tendencias homosexualizantes, que emanan del sancta sanctorum del poder-religión, y que se extienden al conjunto de las sociedades, en función de los contextos culturales o históricos, se dan en forma de programación de control mental mediante trauma.

Pues bien, es esta programación mental la responsable de que la coacción cultural homosexualizante no sea percibida como tal, que sea interpretada como liberación, emancipación, elección, resistencia, subversión, etc., frente al poder. Cuando es, sobre todo y en última instancia, una coacción enmascarada y sublimada del poder-religión real en la sombra.

Insistimos en que el polo heterosexual no está exento de una dimensión coactiva. La diferencia es que está coacción es de un orden más natural, frente a la coacción homosexualizante, que es de un orden más cultural o artificial. Ambas se dan en paralelo. La homosexualización nos integra culturalmente, pero, al mismo tiempo, nos aleja de nuestra naturaleza, nos desnaturaliza. En esto consiste el transhumanismo como gran trance histórico que hoy atravesamos.

Hay que insistir una y mil veces en que la ideología y las prácticas de género, que hoy se extienden a las sociedades profanas, son solo la superficie de un fenómeno mucho más profundo y de un alcance histórico milenario, que emana de sociedades iniciáticas y ocultistas. Esto es lo que denominamos la producción y el culto al andrógino.

De ahí que las prácticas androginizantes u homosexualizantes tiendan a darse en el ámbito de estas sociedades iniciáticas, como son ciertas órdenes religiosas y de caballería, la masonería, el mundo del espectáculo, logias satánicas-luciferinas, etc.

Pero en lo que hay que insistir es en que las tendencias homosexualizantes que se dan en las sociedades profanas están gobernadas, aunque la mayoría no sea consciente de ello, precisamente porque se dan en forma programación mental mediante trauma, por las prácticas ocultistas de producción y culto al andrógino.

Dicho en otras palabras, las prácticas de género que hoy se generalizan y normalizan en las sociedades occidentales, responden a una programación de control mental mediante trauma, de tipo blando. Pero esta programación blanda está gobernada por una programación dura, que son estas prácticas ocultas de producción y culto al andrógino, pero que tienen que mostrarse en parte en el escenario del poder-religión.

Todo lo que decimos supone que la TENDENCIA homosexualizante lo atraviesa todo en las sociedades humanas, incluso la propia ESENCIA heterosexual. Esto es algo muy poco comprendido y que puede parecer paradójico. Como decimos, heterosexualidad y homosexualización no se excluyen, sino que se superponen. Pues bien, en esta superposición, es precisamente la homosexualización la que da forma a las prácticas heterosexuales dominantes.

Esta es la gran paradoja de lo social que pocos han comprendido. Que las prácticas heterosexuales dominantes son, antes que nada, el resultado de tendencias homosexualizantes. De nuevo, si esto se desconoce es porque todo ello opera en un marco esencialmente ocultista, de magia negra, de programación mental mediante trauma, pero también atravesando las sociedades profanas.

Por más que haya tendido a darse en ámbitos relativamente minoritarios, ocultos, anómalos, transgresores, etc., lo cierto es que la producción y el culto al andrógino ha sido siempre lo que ha gobernado la heterosexualidad dominante. Aunque siempre en tensión con el polo natural y heterosexual opuesto. Este es el gran secreto del poder-religión real en la sombra.

Pedro Bustamante es autor de "En el nombre del Falo y del Ano y de la Matriz transhumana: El sacrificio de la maternidad y el nacimiento del infrahumano" (2017), "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015).

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