2018-03-22

"La esvástica rosa: Homosexualidad en el Partido Nazi" (2/2)



Continuación de https://deliriousheterotopias.blogspot.de/2018/03/la-esvastica-rosa-homosexualidad-en-el.html


HOMOSEXUALIZACIÓN Y PEDERASTIA EN LAS BASES DEL NAZISMO



Los gérmenes del Partido Nazi tuvieron lugar en una serie de reuniones mantenidas en la taverna Bratwurstglöckl de Múnich, frecuentada por homosexuales. En ella, el que sería jefe de las SA (Sturmabteilung, 'Sección de asalto'), Ernst Röhm, era un cliente habitual y tenía una mesa particular, en la que se reunía con matones, ocultistas y homosexuales (pp. 1-2).

Según los autores de "La esvástica rosa", la homosexualidad fue un elemento clave en estos grupos que conformarían las estructuras de poder nazis (p. 51):
"Estos [los que se reunían en la taverna Bratwurstglöckl] eran los hombres que orquestaron la campaña nazi de intimidación y terror. Todos ellos eran homosexuales.
De hecho, la homosexualidad era todo lo que cualificaba a muchos de estos hombres para sus posiciones en las SA... a personas no cualificadas se les daban altos rangos a partir de sus relaciones homosexuales con Röhm y otros" (p. 52).

"Bajo el mando de Röhm, el liderazgo de las SA adquirió una cualidad bastante particular..., porque este rudo y jactancioso líder supremo era además un ferviente homosexual, y le gustaba rodearse, en todas las posiciones de mando, de gente de similares tendencias" (pp. 53-54).
En otras palabras, la clave de este nazismo incipiente estaba ya, como lo estaría luego, en estas estructuras de poder fuertemente gobernadas por relaciones homosexualizantes y pederásticas, es decir, de tipo sadomasoquista, junto a la programación mental mediante trauma que las acompaña:
"Röhm, que es la cabeza de 2.500.000 hombres en las SA, se ha rodeado de una plantilla de pervertidos. Sus mandos, los hombres de rangos tales como generales o tenientes generales, que eran las unidades de comando de varios cientos de miles de tropas de las SA, eran casi sin excepción homosexuales. De hecho, si un oficial de las SA no era homosexual no tenía posibilidad de promoción" (p. 53, cf. 91).

Ernst Röhm (centro) y Karl Ernst (derecha).

Uno de estos casos fue el del teniente general de las SA Karl Ernst, un homosexual que había sido camarero y portero de hotel antes de convertirse en un alto mando en esta organización:
"Karl Ernst tiene apenas 35 años..., tiene a su cargo 250.000 hombres... es simplemente un sádico, un matón, convertido en un oficial responsable" (pp. 52-53).


De hecho, el Partido Nazi surgió a partir de una serie de organizaciones en las que la homosexualidad era común. Una de ellas eran los Wandervögel ('Aves migratorias'), una organización juvenil masculina de un tipo similar a los Boy Scouts. Los nazis retomaron algunos de sus signos distintivos, como el saludo nazi o la denominación "Führer" ('líder'). Además, el "ave" podría ser una alusión a la programación y a la disociación mental mediante trauma, e incluso podría haber sido una referencia para el programa antecedente del Mk Ultra "Blue Bird" ('Pájaro azul') y para el logo de Twitter.

Según los autores, los Wandervögel estaban atravesados por una componente homosexual y pedófila muy marcada. Esta componente homosexual era central para dar al movimiento nazi el carácter fuertemente cohesivo, disciplinario, jerárquico, de carga libidinoso-agresiva sublimada, característico de las hermandades de corte iniciático-militar, que como hemos mostrado inspiraban el nazismo (pp. 34-36):
"... Blüher [uno de los líderes de los Wandervögel] veía el vínculo masculino como algo crucial para la formación de las élites masculinas... [...] La disciplina, la camaradería, la disposición del individuo a sacrificarse a sí mismo por la nación; todos estos elementos vienen determinados por la infraestructura homoerótica de la sociedad masculina" (p. 36).

Un miembro de las Fuerzas Armadas abraza a dos adolescentes de las Juventudes Hitlerianas.

Esta y otras organizaciones juveniles se fundieron después en las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend o Hitler-Jugend, HJ), colectivo de base del Partido Nazi, en el que también abundaban las relaciones homosexuales. Así, la gente las denominaba popularmente las "Juventudes Homo" (p. 2). Las Juventudes Hitlerianas fueron canteras de las SA, y en ambas muchos de los líderes eran homosexuales y pederastas, como ocurría en las SS y en general en todas las altas instancias de las organizaciones nazis (pp. 40-44):
"La homosexualidad, entretanto, continúo en los años de la Guerra, en los que los chicos de las Juventudes Hitlerianas eran víctimas frecuentes de abuso por parte de los tutores de las SS. Himmler siempre lo condenaba duramente en público, pero estaba al mismo tiempo dispuesto a mitigar los castigos en privado y a mantener estos incidentes lo más en secreto posible" (p. 41).
Esta cita ilustra a la perfección la relación profunda del nazismo con la homosexualidad y la pederastia. Se criticaba de cara a la galería, pero, de hecho, ambas estaban en el corazón de las estructuras de poder nazis. Dando, como decimos, cohesión, tensión, disciplina, y en general generando un movimiento muy atravesado por la programación de control mental mediante trauma, que atrapa a sus miembros en una suerte de hipnosis colectiva, sin que ni siquiera sean conscientes de todo lo que hacen, en el marco de la multiplicidad y la disociación mental. En este sentido hay que interpretar también toda la parafernalia de símbolos, logos, uniformes, gestos, mantras, poses, etc.



Otra de las canteras del nazismo fueron los Freikorps ('Cuerpos libres'), compuestos por cientos de miles de veteranos de la Primera Guerra Mundial. Aquí aparece también el elemento traumático, como sucedía con los soldados británicos de la misma guerra, que sirvieron de carne de cañón para los experimentos de control mental mediante trauma que dieron lugar al Mk Ultra. Lo mismo aquí y en los campos de concentración.

Una de sus unidades era la Rossbachbund (Hermandad Rossbach), creada por el homosexual Gerhard Rossbach, a partir de la que surgieron las SA. De hecho, Rossbach inició en la homosexualidad a Ernst Röhm, que ya hemos citado, que fue uno de los principales dirigentes de las SA. Röhm fue uno de los hombres más poderosos del nazismo, junto con Hitler (pp. 4, 48-49).
"Los Freikorps de Rossbach estaban formados casi exclusivamente por homosexuales" (p. 47).

Edmund Heines con uno de los líderes de las Juventudes Schill.

La Hermandad Rossbach contaba con una organización juvenil, llamada Schilljugend (Juventudes Schill), dirigida por el pederasta homosexual Edmund Heines (p. 4).

Lo interesante es cómo todos estos movimientos desembocaron en la Segunda Guerra Mundial. Los autores destacan que todas estas organizaciones juveniles proporcionaron, no solo muchos de los altos cargos del nazismo, sino en general todos los niveles jeráquicos implicados en la represión y la violencia nazis, así como la tropa que sería sacrificada en la guerra (pp. 43-45).

Sin duda, los que impulsaron todo este movimiento sabían muy bien lo que hacían y sabían que estas prácticas de homosexualización del tipo más forzado, en el marco de estas estructuras de corte iniciático y militarista, llevaban en sí un elemento autodestructivo "ideal" (para ellos) para el papel que Alemania debía jugar en la Segunda Guerra Mundial.

En la homosexualidad tiende a haber un elemento autodestructivo, si tenemos en cuenta que no somos solo individuos, sino seres sociales, y que estos seres sociales implican una tendencia a regenerarse naturalmente. La homosexualidad tiende a implicar un odio más o menos inconsciente hacia el sexo contrario y un rechazo, a menudo también reprimido, inconsciente o compartimentalizado amnésicamente, hacia la tendencia natural a la unión heterosexual fértil.

Esta tendencia, en definitiva autodestructiva de la especie, es muy poderosa, si es canalizada "adecuadamente", lo mismo para movimientos sociales, para combatir en el campo de batalla o para escribir tratados de teología. El nazismo muestra claramente esta correlación entre la emergencia de tendencias homosexuales en grandes sectores sociales (pero especialmente en los ámbitos del poder-religión real en la sombra) y hechos históricos de tipo marcadamente represivo, dictatorial, bélico, autodestructivo.

Esto es lo que los ideológos del género no reconocerán y lo que sus leyes de "odio" nos impedirán cada vez más expresar. Pero nosotros no tenemos odio a nadie y defendemos la libertad de acción y expresión y lo único que nos interesa en comprender en profundidad cómo funciona el sistema.

Las afinidades entre la Alemania de entreguerras y la Europa de hoy nos sugieren que esta correlación entre tendencias homosexuales generalizadas y devenires violentos y autodestructivos podrían muy bien volver a producirse a nivel global.

A estas organizaciones hay que añadir la Gemeinschaft der Eigenen ('Comunidad de la Élite'), fundada por Adolf Brand en 1903, con su revista "Der Eigene" ('La élite'), que militaban por la homosexualidad y la pederastia. Esta fue, de hecho una de las primeras publicaciones periódicas mundiales de temática homosexual (p. 24).

Al otro lado del espectro homosexual estaba el Institut für Sexualwissenschaft ('Instituto de ciencia de la sexualidad o sexología'), fundado por el homosexual Magnus Hirschfeld, que también lideraba el Comité Científico Humanitario (Wissenschaftlich-humanitäre Komitee), fundado en 1897. Hirschfeld daba continuidad a la labor de Karl Heinrich Ulrichs, un pionero en la defensa de los homosexuales.

Estos representaban el polo más amable de la homosexualidad, luchando a favor de sus derechos, en contra de la ley alemana que los criminalizaba, y en general desmarcándose de las prácticas pederásticas y coactivas (pp. 5-6).

De hecho, otra prueba de la importancia que jugaban las prácticas homosexuales forzadas en el marco de las estructuras de poder nazis nos la proporciona lo que ocurrió con este Instituto, que fue destruido por las SA o Braunhemden ('Camisas marrones'), precisamente porque guardaba mucha información sobre las perversiones sexuales de los líderes nazis. Trataremos de ello más adelante.

Los autores de "La esvástica rosa" nos dicen que estas distintas organizaciones conformaban dos campos opuestos: uno de ellos integrado por homosexuales "butches" ('machos') y otro por "femmes" ('chicas'). El primero de ellos, caracterizado por la masculinidad, es el que jugó un papel más importante en el nazismo, pues es el que conformaba mayoritariamente las estructuras del poder en las cúpulas. Mientras que el segundo, asociado a actitudes más femeninas, fue fuertemente demonizado y perseguido por el primero.

El primero aparecía vinculado a la pederastía, a la coacción, a las relaciones jerárquicas, a la programación mental dura, mientras el segundo se daba entre adultos, se acompañaba de pacifismo, conformismo social, la lógica de los derechos civiles, y la programación mental blanda o de masas, etc.

Todo esto se daba al mismo tiempo que se demonizaba a la mujer. Las actitudes homosexuales más femeninas eran reprimidas en paralelo. En el otro polo del espectro, la homosexualidad de muchos de los líderes nazis se alineaba con actitudes marcadamente masculinas. La homosexualidad se daba en los dos polos, pero en el polo de las élites tendía a quedar más oculta, pues estaba disfrazada de masculinidad. Y sin embargo, la exagerada masculinidad de las organizaciones nazis delataba que estaban atravesadas por toda esta mecánica de represión y sublimación homosexualizante.

"Dime de qué presumes y te diré de que careces". La masculinidad de los nazis era solo la fachada, era solo una cara de la moneda. Cuanto más exageradas eran las poses militares, la rigidez de las formas, la austeridad, la disciplina, más encubrían un lado femenino oculto que la mayoría de los líderes nazis reprimían o compartimentalizaban amnésicamente. Y que entraba en juego en las relaciones sadomasoquistas que estructuraban la jerarquía de poder.

Hasta el punto de que, como proponemos, en algunos casos, lo que estas marionetas manejadas mediante programación mental dura encubrirían serían mujeres naturales transexualizadas en hombres. Pues esta es la fórmula más eficaz de producir esta demonización social de lo femenino: demonizando la propia feminidad natural de una esclava de control mental mediante trauma, en el marco de un culto y una abuso ritual satánico, y obligándola a encarnar álters masculinos de sus propios abusadores. Esto es lo que, sospechamos, sucedió en el caso de Adolf Hitler, como mostraremos en un trabajo posterior.

Los dos sexos se polarizaban políticamente, como es normal que ocurra en una sociedad muy marcada por la crisis y la violencia, con los hombres tendiendo a ocupar las cúpulas y las mujeres las bases de la sociedad (pp. 6-11). Pero lo importante es que toda esta polarización de los sexos y de los roles de género asociados, estaba producida intencionadamente desde las sociedades secretas. Polarización, insistimos, producto de una poderosa programación mental mediante trauma, tanto a nivel individual como social, tanto de tipo duro como blando. Polarización de los roles masculino y femenino, pero polarización también de lo masculino y lo femenino dentro de los individuos, especialmente de los que participaban más activamente en esta mecánica sadomasoquista, tanto como víctimas como como verdugos.

Todo esto pone de manifiesto, insistimos, hasta qué punto el nazismo estaba atravesado por la programación mental mediante trauma, en distintos grados, como no podía ser de otra manera en un período tan convulso de la historia alemana como este. Lo que dominaba era una fuerte represión sexual, mayor cuanto más cerca de las cúpulas, que reprimía la propia feminidad y ensalzaba la masculinidad. Pero, en el fondo, esta represión (en términos psicoanalíticos) remitía a una programación de control mental mediante trauma y a la disociación que la acompaña.

Y todo ello remitía también a un mecánica iniciática satánica, en la que estaban inscritos los máximos líderes. Exactamente igual que como funciona hoy el poder-religión real. En lo que hay que insistir es en el papel central que jugaban los andróginos, producidos en el marco del abuso satánico ritual.

Como avanzábamos, uno de los pioneros del activismo homosexual, en la segunda mital del siglo XIX, fue Karl Heinrich Ulrichs.
"A la edad de 14 años, Ulrich fue seducido por su instructor de equitación, un hombre homosexual de unos 30 años..."
Lo que podría haber inducido su homosexualidad (p. 11). Ulrich era contrario a las relaciones pederásticas, pero solo si se trataba de niños prepubescentes (p. 13).

El continuador de Ulrichs en este polo menos coactivo de la homosexualidad fue Magnus Hirschfeld. Su objetivo central era descriminalizar y normalizar la homexualidad (p. 15). En una carta de Friedrich Engels a Karl Marx sobre un libro de Ulrich, le decía que los pederastas eran cada vez más poderosos en Alemania y que parecían estar bien organizados, si bien de manera oculta (p. 13). Esto confirma todo lo que venimos diciendo sobre el papel central de la pederastia y la homosexualidad en las tramas ocultas del poder-religión.

Aquí vemos también el doble fenómeno. Por una lado, una homosexualidad oculta, que tiende a asociarse a estructuras iniciáticas, jerárquicas, militares, criminales, etc., a la coacción y a la pederastia. Y por otro lado, una homosexualidad más pública y visible, más profana, más pacifista, emancipadora y libre. Al menos así la consideran los que la defienden o practican. A esta bipolaridad se superponía, en la Alemania nazi, la del "macho" y la "chica", lo que contribuye a ocultar la primera y a dar visibilidad a la segunda.

Lo que nos parece es que estos dos tipos de homosexualidad formaban de hecho parte de una misma mecánica, que eran dos polos de una misma lógica estructural. El primero era servicial a la estructura jerárquica del poder-religión oculto, a su vez asociada a la lógica iniciática, de compartimentación de la información, a la programación mental mediante trauma, etc. Y el segundo era una forma de canalización de las energías libidinoso-agresivas de las sociedades profanas, una forma de recuperación política adecuada a la agenda transhumanista, a su vez vinculada al progresismo, al pacifismo, a la cultura de masas, la ecología, el animalismo, etc.

Ambos polos son dos caras de la misma moneda, tensan todo el espectro del fenómeno, solo que la propaganda del sistema y los ideólogos del género, fuertemente financiados por el sistema, tiende a ocultar el polo coactivo y pederástico y mostrar solo el polo de la libre elección, la liberación sexual, la emancipación, la victimización, etc.

En el nazismo, el primer polo de homosexuales y pederastas "machos" persiguió al segundo, a los homosexuales "chicas". Esto es lo que la propaganda de género posterior ha tendido ha mostrar de manera sesgada: a los homosexuales como víctimas, a los que eran parte del polo afeminado, pacífico, libertario, que reclamaban sus derechos de manera cívica. Pero no a los verdugos, que fueron también muchos de ellos homosexuales, pero además del polo coactivo, pederástico, sadomasoquista, etc. (p. 29).

Como decíamos, hay una vinculación mucho más profunda de lo que se suele reconocer y comprender entre el polo coactivo de la homosexualidad y la violencia, el fanatismo, el totalitarismo, el fascismo, etc.:
"... el movimiento fascista en Alemania, como en Italia y Japón, es en esencia una dinámica de varones solteros. Adolf Hitler es soltero, como la mayoría de los treinta o cuarenta líderes del Partido Nazi. Algunos de los nazis más destacados son hombres con registros de perversiones sexuales, así como acciones militares temerarias" (p. 90).

LA PERSECUCIÓN NAZI DE LOS HOMOSEXUALES EN SU JUSTA MEDIDA

Algunos líderes nazis más moderados, como Rosenberg o Ludendorf, pidieron que los individuos más reprobables moralmente del Partido fueran expulsados, a lo que Hitler se negó. A partir de 1926 se creó un tribunal interno en el Partido (Uschla, Untersuchung-und-Schlichtungs-Ausschuss) para lidiar con los numerosos casos de abusos sexuales.

De esta manera, toda esta actividad transgresora e inmoral no trascendería a la opinión pública (pp. 106-107). Pero además, es evidente que el elemento transgresor funcionaba, de hecho, como palanca coactiva para tensar la estructura de poder y darle más eficacia. Este tribunal buscaba, entre otras cosas, ocultar al público estas prácticas homosexualizantes y pederásticas, orgías, escándalos varios, etc. Al mismo tiempo que los líderes nazis declaraban, de cara a la galería, su antihomosexualismo (pp. 107-109).

Como vamos a ver, parte de este antihomosexualismo, altamente retórico, se llevó también a la práctica. Pero fue un fenómeno muy minoritario y muy exagerado, una cortina de humo muy intencionada para ocultar las prácticas de las cúpulas nazis.

De entre las excepciones a esta tendencia general al ocultamiento de la homosexualidad nazi destaca la figura de Ernst Röhm, muy poderoso y quizás por eso menos cuidadoso a la hora de disimular sus perversiones (p. 113). Pero, en general, en algunos ámbitos del nazismo las prácticas pervertidas estaban siendo demasiado escandalosas:
"No era solo que estos hombres practicasen sus vicios en privado y en sus propias camarillas, sino que hacían de esta corrupción moral un sistema, casi un culto, y usaban sus posiciones de poder para abusar impunemente de chicos y chicas inocentes cuyos rasgos y físico les atraían" (p. 114).
La asunción general es que los nazis persiguieron a los homosexuales, como ocurrió con los judíos o los comunistas (pp. 115-119). Pero esto, que es en parte cierto, ha sido también muy exagerado. En general, fue parte de una estrategia de cortina de humo destinada a ocultar, de cara al público general, el papel central del homosexualismo, vinculado a la pederastia, en las cúpulas nazis.

Lo cierto es que la homosexualidad era un delito desde mucho antes del régimen nazi (p. 119). Más adelante, con la República de Weimar, ciudades como Berlín o Múnich fueron las más "avanzadas" del mundo en materia de tendencias homosexuales, travestismo, androginismo, etc. (p. 13). Hitler endureció las leyes tras su llegada al poder en 1933, prohibiendo la pornografía, los bares y baños homosexuales, las asociaciones que reclamaban sus derechos, etc. (p. 120).

Pero, como avanzábamos, la realidad es que la persecución de los homosexuales en el nazismo fue muy limitada y altamente propagandística. Persiguieron a parte de ellos, y a esto le dieron mucho bombo, como una forma de encubrir las redes homosexuales y pederastas de las cúpulas del nazismo.

De hecho, la homosexualidad era también una excusa para perseguir a disidentes políticos y contar con la aceptación del público a la represión política. Desde hacía mucho los homosexuales se veían obligados a vivir clandestinamente y esto se vinculaba de manera natural a las prácticas políticas subversivas. De manera que se podía decir que se había detenido a ciertos colectivos o individuos, por ser homosexuales, cuando en realidad eran, antes que nada, disidentes o rivales políticos (pp. 120-121).

También es cierto que estas persecuciones eran sobre todo de los homosexuales "chicas", que, como hemos dicho, era uno de los polos del fenómeno homosexual general. Así, no solo estas persecuciones fueron muy minoritarias. Además, de hecho, la persecución del polo homosexual femenino, por parte del masculino (p. 120), reforzaba toda esta estructura, fuertemente atravesada por la componente sadomasoquista, o mejor, masoquistasádica.

De manera que no eran perseguidos por ser homosexuales, sino por no someterse a esta estructura de represión política altamente atravesada por la dimensión libidinoso-agresiva, homoerótica y masoquistasádica. Esto es, se perseguía el polo homosexual más femenino, que también era el que se asociaba a la libertad, la emancipación, el pacifismo, la solidaridad, que estaba en contra de la pedofilia, etc. Pero no se perseguía el homosexualismo que se doblegaba a la estructura de coacción masoquistasádica del régimen, pues lógicamente le era servicial, y el sistema necesitaba tensarse en los dos polos, tener elementos con tendencias a uno y otro de los dos polos.

La fórmula era perfecta, no solo para reforzar la estructura represiva del nazismo (pp. 123-134), sino también para demonizarlo en el futuro, como una oposición a esta tendencia más "liberadora" de la homosexualidad. Y por lo tanto para impulsar la agenda de género retratando a estos homosexuales como víctimas. La misma mecánica con los judíos.

Así, a pesar de que esta afirmación pueda parecer paradójica, el nazismo contribuyó, a la contra, a la gran agenda de género milenaria que hoy avanza a gran velocidad. La misma estrategia sacrificial que usaron con los judíos es la que utilizaron con los homosexuales: retratarlos como víctimas inocentes, lo que en parte era verdad. Pero, al mismo tiempo que el judaísmo y el homosexualismo de los tipos menos inocentes pervivían en las cúpulas, y operaban, en alguna medida, como verdugos. Doble movimiento paradójico que la propaganda del sistema sigue ocultando hasta el día de hoy, alimentada con cuantiosos fondos del globalismo y que de manera hipócrita se venden como antisistema, activistas, víctimas del sistema, etc.



Como parte de este complejo y paradójico doble movimiento, de persecución y, al mismo tiempo, encubrimiento de la homosexualidad, un hito importante fue la destrucción del Institut für Sexualwissenschaft ('Instituto de ciencia de la sexualidad o sexología') liderado por Magnus Hirschfeld, al que ya nos hemos referido.

Pero lo cierto es que el objetivo fundamental era destruir la información que el Instituto albergaba sobre las perversiones sexuales de muchos de los líderes nazis, entre ellas las de Adolf Hitler (p. 125):
"Hitler trató de enterrar todas las influencias relacionadas con sus orígenes, y empleó mucha energía en esconderlas..." (pp. 125-126).
Es importante que recordemos esta cita, que apunta a elementos muy oscuros de la sexualidad del führer, de los que vamos a tratar después.

Uno de los responsables del Instituto afirmó:
"Así, había muchos nazis en tratamiento en el Instituto. ¿Por qué, entonces, si no estabamos vinculados a ningún partido político, nuestro Instituto de carácter puramente científico fue la primera víctima bajo el nuevo régimen? La respuesta es simple... Sabíamos demasiado. Iría contra los principios médicos facilitar una lista de los líderes nazis y sus perversiones, [pero...] apenas el 10% de los hombres que, en 1933, tomaron en sus manos el destino de Alemania, eran normales sexualmente. [... A continuación se refiere a casos concretos de torturas y abusos sexuales, de corte homosexual y pederástico, perpetrados por altos cargos nazis, lesiones anales, etc.] Nuestro conocimiento de estos secretos íntimos relativos a miembros del Partido Nazi... fue la causa de la destrucción completa del Instituto de Sexología" (pp. 126-127, cf. 4-5).
Insistimos, según este científico, más del 90% de los líderes nazis no eran "normales sexualmente".

Otro de los responsables del Instituto, el Asistente a la Dirección Ludwig L. Lenz, también afirmó que su destrucción buscaba eliminar los datos de los líderes nazis sobre sus perversiones sexuales (p. 17). Dos contenedores de libros y documentos de archivo, que contenían los secretos más oscuros del nazismo, fueron requisados y quemados en una gran ceremonia pública (p. 127).

Uno de los hechos históricos que ha sido utilizado más para justificar el antihomosexualismo nazi fue el asesinato del homosexual Ernst Röhm y otros líderes de las SA, en la llamada "Noche de los cuchillos largos", en 1934. Pero los autores de "La esvástica rosa" afirman que lo principal en esta purga fue, otra vez, el elemento político, y que la cuestión moral y homosexual fue utilizada como parte de la propaganda antihomosexual (p. 128 y ss):
"La purga de Röhm se debió a cuestiones políticas, no morales. Hitler mostró su repugnancia e indignación hacia la homosexualidad de los líderes de las SA asesinados, como una justificación de cara al pueblo alemán; pero era una táctica que había utilizado ya antes para apaciguar las sospechas del público sobre las desviaciones sexuales de su círculo interno" (p. 128).
A partir de esta purga de 1934 las perversiones sexuales siguieron estando en el corazón de las cúpulas nazis, pero de una manera más oculta (p. 136). Mientras el nazismo se vendía como antihomosexual, hasta el día de hoy.


ALGUNAS FIGURAS NAZIS


Kurt Daluege, Heinrich Himmler y Ernst Röhm.

Heinrich Himmler fue uno de los hombres más poderosos del nazismo, después de Hitler, líder de las SS y de la Gestapo. En este caso vemos, otra vez, una retórica antihomosexual que era solo la superficie. Pues, como decimos, la homosexualidad conformaba la estructura profunda de las cúpulas nazis. Los autores creen que el propio Himmler podría haber sido homosexual y pederasta (pp. 138-139). Que sus inicios en el nazismo fueran a las órdenes de Ernst Röhm apuntan a que Himmler era parte de toda esta trama sadomasoquista homosexualizadora (p. 141-142).

Himmler era muy cercano a los círculos ocultistas de los que hemos hablado, en los que homosexualidad y pederastia también eran centrales. Fue fuertemente influenciado por los líderes homosexuales de estos movimientos, como Guido von List y Jorg Lanz von Liebenfels. Todos ellos estaban obsesionados por la pureza de la raza aria. Así como por sociedades exclusivas, aristocráticas, guerreras, iniciáticas, como las de los Caballeros Teutones, fuertemente jerárquicas, basadas en la lealtad, la obediencia, el valor marcial, etc.

Demonizaban lo femenino y ensalzaban lo masculino, pero esto en el marco de relaciones de abuso homosexual y pederástico, sublimadas por la estructura iniciática y la programación mental mediante trauma. Creían en la eugenesia ('mejorar la génesis') de la raza aria, pero relegando al mismo tiempo a la mujer al papel de mera reproductora. Y todo esto al mismo tiempo que ensalzaban la relación homosexual (pp. 140-142).

Pues, como decimos, lo que está en el centro de toda esta mecánica es la producción ritual y el culto al andrógino, en el marco de prácticas satánicas de demonización de la maternidad natural. Insistimos, el nazismo no es diferente en esto de los falsos regímenes democráticos de hoy. Las mismas élites y las mismas mecánicas ocultas de poder-religión continúan sin interrupción. El nazismo fue solo la emergencia de parte de esta estructura oculta, muy intencionada y escenificada para ser vendida como oposición a nuestros "Estados de derecho".



Mano derecha de Heinrich Himmler, Reinhard Heydrich fue otra figura destacada de la élite nazi. Heydrich provenía de los Freikorps. Era un fanático antijudío, a pesar de que él mismo tenía sangre judía (pp. 142-143). Como veremos, este era también el caso de Hitler. Y es, de hecho, la misma mecánica que opera en el trasfondo de las tramas de homosexualización nazis, en la fuerte polarización entre "machos" sádicos y "chicas" masocas, en la demonización de la feminidad y la maternidad.

Todo esto operaba a varios niveles. Al nivel de los sujetos, como compartimentación mental de las memorias traumáticas y las personalidades femeninas más demonizadas. Y al nivel del grupo, como compartimentación de la información, como ocultación de las prácticas más oscuras, como sublimación de la ideología y de los líderes, como forma de compromiso, chantaje, coacción, intercambio de favores y privilegios, etc. (pp. 144-145).


HOMOSEXUALISMO EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN


"Bent" (Perseguidos, 1977), sobre la persecución de los homosexuales en el nazismo.

Otro de los temas que la propaganda sobre el nazismo se ha encargado de ocultar es el también importante papel que tuvieron las prácticas homosexuales y pederásticas en los campos de concentración.

Según los autores, la persecución de los homosexuales fue muy reducida comparada con el número total de homosexuales en la Alemania de la época. También fueron una minoría los homosexuales encerrados en campos de concentración, comparados con otros colectivos, como judíos o disidentes políticos. Pero, lo que más se desconoce, es que muchos de los nazis que trabajaban en los campos era también homosexuales (pp. 151-152):
"... muchos de los guardias y administradores responsables de las atrocidades infames de los campos de concentración eran ellos mismos homosexuales, lo que niega la idea de que los homosexuales en general hayan sido perseguidos e internados" (p. 152).
No solo muchos guardias y administradores de los campos eran homosexuales. También lo eran muchos "kapos", presos que trabajaban como supervisores. Estos kapos eran sobre todo alemanes y sobre todo homosexuales. Evidentemente, si esto era así es porque las prácticas homosexuales y pederásticas atravesaban toda la estructura de poder de los campos (pp. 155-158). Como no podía ser de otra manera, pues no era más que una parte de la estructura de poder nazi que ya hemos descrito.

Los presos más preciados eran los jóvenes, homosexuales u homosexualizados, y afeminados, que gracias a esto tenían más posibilidades de sobrevivir. Aquí vemos otra vez lo que decíamos. Los nazis no persiguieron a los homosexuales en general, sino solo a un cierto tipo de homosexuales que no se sometieron a sus redes de perversión sadomasoquista. Lo mismo en los campos. Además, la prostitución homosexual y pederástica funcionaba en los campos como una moneda de cambio, con la que se obtenían privilegios, ropa, comida, etc. (pp. 157-162).

Sin entrar en el polémico tema del negacionismo y la existencia real de las cámaras de gas, en todo caso todo apunta a que la propaganda del Holocausto ha puesto el foco en este tema de las cámaras de gas, entre otras cosas, para encubrir estas prácticas homosexuales abusivas, pederásticas, prostibularias, etc., que se daban a menudo en paralelo a la tortura, el sacrificio, la grabación de películas snuff (pp. 155-160).

La relativa asepsia de las cámaras de gas, que muchos investigadores creen que solo se utilizaron para desinfectar ropa, es una imagen "perfecta" para retratar tanto a judíos como homosexuales como víctimas del nazismo, y para dejar fuera de foco la importancia que jugaron las redes judías y homosexuales en las élites nazis que estaban del lado de los verdugos. Y para encubrir estas tramas del poder-religión real en las que, curisamente, abundan judíos y homosexualizantes.

Pero, a un nivel aún más profundo, toda la propaganda contra el nazismo, que coincide con la propaganda de género que hoy nos invade, está ahí para encubrir el papel central que juega la producción ritual del andrógino, en el corazón del poder-religión y en la ingeniería social. Sobre todo ahora que la agenda de sacrificio de la maternidad y nacimiento del infrahumano está próxima a su consumación. 

Pedro Bustamante es autor de "En el nombre del Falo y del Ano y de la Matriz transhumana: El sacrificio de la maternidad y el nacimiento del infrahumano" (2017), "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015).

2 comments:

  1. Me he leído las dos partes del tirón! Gracias Pedro por tu trabajo, me has dado las claves de algo que sospechaba después de seguirte y leer tus libros. Un trabajo genial un saludo.

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  2. Jajajajaja, jajajajaja.
    Menos mal que dejas medio claro ya con el titulo del blog, de que va esta conspiranoia amarillista.
    ¿¿ Usted se traga cualquier cosa porque la dice un libro ??, ya puestos pie de leer la basura publicada por encargo de Donovan de la oficina de servicios estratégicos, por los hermanos JUDIOS Langer, la mente de Hitler; otro invento repleto de infundios, falacias e infamias para borregoyim. Como eso en lo que te basas sin aportar prueba alguna, se ve que desconoces, aparte de las costumbres REALES no inventadas de la Grecia clásica y del NS, las minimas normas de la lógica, pies como bien dijo Hume: afirmaciones extraordinarias, requieren pruebas extraordinarias, de lo contrario hemos de asumir que: o bien escribe para amebas mentales, o bien solo es un diletante que se divierte proporcionando literatura de ficción para crédulos ignorantes.
    Pd: Cambie de lecturas aunque pierda publico, ganará credibilidad.

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