2017-06-04

"Lolita": el controlador controlado


Toda la obra de Stanley Kubrick se puede leer a varios niveles. El más superficial es aquel que verá y querrá ver el espectador medio, apoltronado en su pequeño mundo de ideas prefabricadas por el sistema, para hacer de él un ciudadano manso, obediente y crédulo. Pero el director estadounidense nos ofrece siempre, también, en sus películas una visión mucho más profunda e inquietante de la realidad, y en particular, de los mecanismos que utiliza el poder-religión real en la sombra para controlar y dar forma a las sociedades.

Este es también el caso de su filme "Lolita", de 1962, con guión y basado en la novela homónima de Vladimir Nabokov, de 1955. Al nivel más superficial vemos al profesor de literatura Humbert Humbert, un inglés de media edad, divorciado, que ha obtenido una plaza en una universidad estadounidense, y llega a la ciudad para pasar el verano y preparar las clases. Se aloja en la casa de la viuda Charlotte Haze, con la que ha contactado gracias a unos conocidos. Este es un detalle importante porque, como veremos, todo lo que le va a suceder a Humbert es mucho menos casual de lo que parece.

Charlotte vive con su hija adolescente Dolores, apodada Lolita, que fascina a Humbert desde el primer momento. Al mismo tiempo, la madura Charlotte trata de seducirlo, y Humbert finalmente acepta casarse con ella, como un mal menor para estar más cerca de su hija. Pero poco tiempo después de casarse Charlotte descubre que Humbert no la quiere y este especula con la posibilidad de asesinarla. Aunque finalmente muere atropellada de forma accidental, al menos aparentemente. Probablemente su muerte forma parte del conjunto de la conspiración que ahora vamos a proponer.

Tras la muerte de Charlotte, Humbert y su ahora hijastra Lolita, mientras viajan de un lugar a otro, establecen una relación más íntima, incluso, se intuye, de tipo pederástico. También, en ocasiones, abiertamente agresiva. Este es otro detalle importante para comprender lo que está aquí en juego, que vamos a sugerir más adelante.

Pero hasta ahora hemos hablado solo del nivel más superficial. A lo largo de toda la película van apareciendo una serie de personajes, todos ellos interpretados por un genial Peter Sellers, que nos dan las claves para comprenderla a un nivel más profundo. Todos estos variopintos personajes, como nos dirá después la misma Lolita, son un mismo Clare Quilty. Y su apellido ya nos adelanta quién es el verdadero guilty, 'culpable', de toda la trama.

Al principio del filme Kubrick nos adelanta cómo concluirá la película. El profesor Humbert llega a la enorme mansión de Clare Quilty, para vengarse por lo que ha hecho con Lolita. Este encuentro de Humbert y Quilty es crucial para entender cómo están relacionados uno y otro, y con ello, comprender toda la trama de poder que atraviesa el filme.

Como no podía ser de otra manera viniendo de Kubrick, estamos en el mundo de las logias, de la masonería, de los Illuminati. Un mundo en el que solo se asciende en la jerarquía, a partir de un cierto nivel, mediante la transgresión moral, la criminalidad, el compromiso. Esto nos lo sugiere Kubrick muy sutilmente con copas de cristal que tanto Humbert como Quilty rompen al moverse en la mansión. Copas de vidrio que tienen un profundo simbolismo, que podemos asociar al ritual de sexo y de sangre. Como nos mostró en el episodio final de "2001: una odisea del espacio". Aquí vemos cómo ambos son culpables, ambos han roto más de un plato, como se dice en castellano, al mismo tiempo que los vemos atravesar columnas masonas. Humbert le pregunta a su hermano masón si es Quilty, guilty, culpable, y entonces le vemos romper más copas de cristal, mientras responde que sí, naturalmente, como todo alto iniciado masón o Illuminati. Porque el poder-religión real es, en esencia criminal.

Después juegan una partida de ping-pong, otra vez entre copas de vidrio. Este es un tema muy utilizado por Kubrick en distintas variedades. En "El resplandor" la pelota que Jack lanza a la pared, sobre la chimenea, y que luego llega misteriosamente al lugar donde está jugando su hijo Danny, simboliza el incesto y la sodomía. En "La naranja mecánica" vemos más de lo mismo, pero esta vez sobre una mesa de billar en la que uno de los abusadores de Álex introduce bolas en uno de los agujeros. Y algo parecido volvemos a ver en "Eyes Wide Shut" en la que el protagonista Bill Harford se encuentra con su maestro en la logia para hablar de sacrificios satánicos de vírgenes entorno a otra mesa de billar, roja para más señas.

En la partida de ping-pong de "Lolita" queda claro en qué consisten las sociedades secretas. Hay que jugar con copas de cristal en la mesa, y tarde o temprano, a uno le toca romper una. Entonces ya está atrapado en la red y solo le cabe una opción, seguir comprometiéndose y comprometiendo a otros, a arriesgar la vida intentando salir. También queda claro en esta partida que Quilty ocupa una posición más elevada en la jerarquía. Todo esto es clave para entender toda la trama de pedocriminalidad y compromiso de las que nos habla Kubrick entre líneas.

Después volvemos a ver una alusión al ascenso en la jerarquía masona o Illuminati, cuando Humbert persigue a Quilty con una pistola y este sube por una escalera, flanqueada por columnas salomónicas. El mismo tema lo volverá a utilizar el director norteamericano, dos décadas después, en "El resplandor".

Insistimos, Clare Quilty ocupa una posición superior a la de Humbert en la logia. El idealista Humbert no ha comprendido, hasta que ya era demasiado tarde, que ascender en la Pirámide significa estar más comprometido, estar más pringado, vender el alma al diablo. Humbert se tiene por un hombre culto e inteligente, responsable y libre, pero no se da cuenta hasta muy tarde que es, en realidad, una marioneta, movida por Quilty para conseguir sus objetivos. Se ve seducido por la juventud y la aparente inocencia de Lolita, pero en esto también es engañado, porque la nínfula ha sido pervertida antes por Quilty y está haciendo también su papel, dirigida por este. Nunca mejor dicho.

Lo interesante es que la misma estructura de encubrimiento e infiltración consustancial al poder-real es la que le permite a Kubrick mostrarnos dos argumentos en una misma película. De una manera enormemente sutil, que, a un tiempo, hace posible que los que saben del tema puedan leer entre líneas, y que el público adoctrinado y biempensante no se escandalice.

En un momento determinado, viajando con su coche, lejos de la cotidianidad y la moralidad, pasan la noche en el Hotel "The Enchanted Hunters", 'Los cazadores encantados', en el que se celebra una convención de la policía del estado. Allí encontramos otra vez a Clare Quilty y a su tenebrosa acompañante Vivian Darkbloom, 'oscura floración', que controlan todo lo que hacen Humbert y Lolita. Los vemos descender del piso superior del hotel, donde se encuentran las habitaciones, con Quilty llevando una cámara fotográfica al hombro. En la recepción, Quilty le entrega subrepticiamente una llave al mánager nocturno, el Sr. Swine, 'cerdo'. Después, se enteran, a escondidas, de la habitación en la que se alojan Humbert y Lolita. Pero de hecho Humbert pasará una buena parte de la noche fuera de la habitación, mirando frecuentemente el reloj y encontrándose con Quilty en la terraza. Otros detalles nos sugieren que la policía no asiste a este congreso solo para escuchar conferencias...

En otras palabras, la relación pedofílica entre Humbert y su hijastra Lolita, que nunca se llega a hacer completamente explícita en el filme, es solo la tapadera, la primera capa que encubre toda la mecánica pedocriminal que mueve el sistema. De cara al espectador, Kubrick juega con suficiente ambigüedad, incluso en lo que respecta a este primer nivel, para que no vea más de lo que su moral le permite. Pero al mismo tiempo —y aquí es donde hay que reconocer la genialidad de este director— nos ofrece numerosas claves para comprender que este nivel de pederastia es solo el primero, el que encubre la pedocriminalidad como un elemento estructural y esencial del sistema.

La relación pedofílica de Humbert y Lolita es solo el principio, la que lo compromete y hace de él una pieza intermediaria en toda la maquinaria de perversión y criminalidad que atraviesa los resortes del poder-religión real. Este opera siempre así. Se esconde detrás de diversos frentes, que se ven obligados a actuar de una determinada manera, a veces sin ni siquiera saber que están siendo utilizados.

O dicho de una manera más concreta, el alto masón Quilty, es el mayor culpable, el que está utilizando a Humbert como una marioneta para ofrecer una de las mercancías fundamentales, sin la que no se movería la maquinaria capitalista, estructuralmente prostibularia: la carne fresca de nínfula. Lolita es el gancho que permite comprometer a Humbert, y le obliga, a su vez, a ofrecerla, en este caso, a la policía, pero de nuevo, como un mecanismo de compromiso y chantaje por parte de las logias y los Illuminati.

Así ha funcionado siempre el poder-religión real. Y hoy este sistema criminal está enormemente extendido en todas nuestras instituciones, organizaciones, iglesias, empresas, en la educación, la cultura, la familia, etc. Pero igual que el espectador no ve o no quiere ver todo esto en la película, el ciudadano medio está programado para no verlo, para creer en los mitos de la democracia, el Estado de derecho, la legalidad o la ley de la oferta y la demanda. Para no comprender que lo que alimenta todo el sistema es la carne y la sangre humanas.

En otro episodio del filme vemos a Clare Quilty disfrazado de un psicólogo de origen alemán, que supuestamente contribuye a la educación de su hijastra, pero que en realidad está ahí para chantajear a Humbert y para que este deje a Lolita actuar en la función teatral del instituto.

Si el hotel en el que tenía lugar la convención policial se llamaba "Los cazadores encantados" —esto es, los policías seducidos por las primicias sexuales de la nínfula—, la obra teatral en la que participa Lolita se titula 'Los encantadores cazados'. Vemos un fragmento de la pieza en la que Lolita, junto a otra ninfa, arrastran a un joven al "Reino de la Oscuridad" y dicen que el "hechicero ha sido hechizado". Todo ha sido un teatro. Quilty ha concebido y dirigido la pieza, Lolita la ha interpretado, y Humbert es el hechicero hechizado. Así funcionan siempre los Illuminati. Todo es un gran escenario: la política, la economía, los medios, que esconde lo que verdaderamente mueve la maquinaria del sistema: el ritual de sexo y sangre.

En otra ocasión, Humbert recibe una llamada de un desconocido, que vuelve a ser, evidentemente, Clare Quilty. Este lo amenaza con denunciar su relación inmoral con Lolita, si no se doblega a sus planes.

En suma, Humbert se ha visto atrapado en las redes de la masonería, o de los Illuminati. Se ha dejado tentar por la transgresión moral, sin comprender que este es el motor que mueve toda la maquinaria del sistema, que esta es la manera que utiliza el poder-religión real para comprometer a sus miembros y al resto de las posiciones de poder e influencia. Lo que la mayoría no comprende es que esta ha sido siempre, y hoy lo es más que nunca, la mecánica por excelencia del poder-religión real.

No se pueden hacer distinciones netas entre el bien y el mal, porque el mal conforma la estructura misma del poder, como la doble cara de una misma moneda, de la que se muestra al público una sola cara, la del bien. Hacer distinciones marcadas entre buenos y malo es no comprender nada de cómo funcionan las tramas del poder-religión real, no comprender la estructuralidad de la transgresión, del mal, del doble juego. La estrategia central del verdadero poder-religión en la sombra es la infiltración, hacer un uso político de la transgresión moral y el compromiso. Todo ello, a menudo, en el marco de la programación y la disociación mental, que produce los mejores "encantadores" y los mejores "encantados", que de hecho se superponen a menudo en los mismos múltiples.

De manera que la película nos muestra algo que vemos con frecuencia en la cultura dominante, incluso en la llamada alternativa, y en los medios de desinformación. Se nos presenta la pederastia como algo anómalo, excepcional, como el resultado único de inclinaciones perversas o viciosas de determinados individuos, a menudo solitarios, aislados, atípicos. O bien pertenecientes a determinados colectivos a los que se quiere demonizar, como la iglesia católica. Y no es que todo esto no sea, en parte, cierto. No es que los que aparezcan en escena no sean también, en algún grado culpables. Pero normalmente hay detrás otros más 'culpables', más guilty.

Los casos de pederastia mediáticos están ahí para tender una cortina de humo, para ocultar la estructuralidad de la pedocriminalidad, y el papel central que esta desempeña, al máximo nivel, como motor de las agendas perversas del poder-religión real en la sombra. No solo porque es una de las maneras de comprometer a políticos, a jueces, a empresarios, etc. También —y esto lo entiende muy poca gente— porque es la manera de producir disociación mental, multiplicidad, control mental mediante trauma. Y además, porque es la forma en que están demoliendo, de forma controlada, y en paralelo, la familia tradicional y el Estado.

Todo esto nos lleva a sugerir una lectura aún más profunda de la película. Si Clare Quilty puede encarnar a tantos personajes, tan variopintos y tan peculiares, es porque es un múltiple. Como la mayoría de los Illuminati.

De la misma manera, muchos detalles nos permiten entender que Lolita es también una controlada mental, una niña maltratada y abusada sexualmente, precisamente para hacer de ella una esclava sexual. Que, insistimos, es una de las mercancías más valorada en la cadena de valor de cambio hollycapitalista. De la misma manera que las prostitutas sagradas de la antigüedad eran uno de los focos entorno a los cuales se articulaban las redes de intercambio mercantil. El valor de cambio lo funda el ritual de sexo y de sangre. Hasta que no se comprenda esto no se comprenderá nada, como ocurre con la mayoría de los "expertos" en economía, a los que les pagan precisamente para confundirse y confundir a otros.

Por eso la protagonista de esta película se llama Dolores. Nabokov utilizó un nombre hispano, para no hacer demasiado explícito que estamos ante una esclava de control mental mediante trauma. Por eso, también, la apodan Lolita, porque las esclavas de control mental suelen tener distintos nombres para distintos álters, que funcionan al mismo tiempo como gatillos, y que suelen estar cargados de simbolismo sexual, sacrificial, ritual. Así, Lolita alude onomatopéyicamente a la felación, como debió de entender muy bien el creador del glíglico, Julio Cortázar.

Todo lo que decimos permite interpretar la función teatral en el instituto en un sentido mucho más profundo. Si Clare Quilty chantajea a Humbert para que Lolita participe en la representación, es porque el teatro simboliza la programación mental mediante trauma. Al fin y al cabo, tanto el control mental como el teatro se reducen a lo mismo, a la creación de personajes ficticios que las víctimas o actores interpretan bajo las órdenes de sus controladores o directores. Por eso Clare Quilty y su oscura pareja son autores teatrales, guionistas de series de televisión y dirigen esta obra teatral en el instituto. Por eso vemos a Quilty entre bambalinas, señalándole a Lolita la entrada en escena, con una simple mirada.

Y además de todo esto, como es muy habitual en el mundo de la programación mental, todo apunta a que Quilty y Darkbloom son satanistas.

Pero además, en esta película, Stanley Kubrick nos habla, con una profundidad cada vez más inusitada en la dictadura de la superficialidad que hoy rige, de cómo toda esta mecánica de perversión moral estructural, fomentada por la masonería, las sociedades secretas y los Illuminati, está minando, con toda intencionalidad, las familias y las comunidades tradicionales.

La contrafigura de la niña esclava sexual es la matriarca del clan Quilty, que aparece retratada en un cuadro, y que vemos en lo alto de la escalera. Cuando Humbert acude a este lugar para vengarse de Quilty, este repta como una serpiente por los escalones, que representan el ascenso en la Pirámide Illuminati, y se protege tras el cuadro de la matriarca. Entonces Humbert dispara contra él, pero, de hecho, en la medida en que Quilty se ha escondido detrás del cuadro, los disparos los recibe la matriarca. En "La naranja mecánica" volveríamos a ver un tema similar, en un episodio crucial, que interpretamos como un ritual satánico, presidido por otra matriarca del clan. Y en cuya composición volvía a aparecer la pirámide truncada, el ojo psicopatocrático del múltiple Illuminati y la vesica piscis.

Kubrick ha comprendido muy bien que estamos al final de un ciclo civilizatorio milenario, que está a punto de consumarse. Tanto en "2001" como en "Lolita" vemos sendas partidas de ajedrez. en ellas, con algunas variaciones el caballo se come a la reina. Esto es, el caballero templario o masón sacrifica a la virgen cristiana. El patriarcado extermina el matriarcado.

El ritual sacrificial de la maternidad que hoy se celebra está próximo a su fin. Tras él nacerá, pero ya de la matriz transhumana, el nuevo ser infrahumano. El esclavo perfecto que no es consciente de que lo es, el ganado cibernético.

Audio: https://www.ivoox.com/lolita-controlador-controlado-audios-mp3_rf_19061285_1.html

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015).