2017-06-20

Falos, anos y vaginas-matrices rituales en Stanley Kubrick (2)


En Sacrificios y hierogamias llegamos a la conclusión de que la máquina hierogámico-sacrificial surge como tal desde un principio, que hierogamias y sacrificios conforman dos polos inseparables, que la máquina puede inclinarse más hacia uno u otro de estos polos, pero sin que el otro deje de estar presente. Pues bien, esto es lo que Stanley Kubrick nos confirma en 2001: Una odisea del espacio.

Reconocemos que la obra de este director genial ha sido la inspiración principal para este libro. Como hemos visto, en la mayoría de sus obras se pueden encontrar símbolos en el sentido en que los estamos interpretando aquí, alusiones marcadamente sexuales, pero que a la vez son dispositivos de poder-religión, a todos los niveles, también a los más abstractos y espirituales.

En 2001 encontramos de una manera particularmente marcada esta utilización de símbolos, que son, a un tiempo, alusiones muy directas a lo erótico-alimenticio y a la dimensión gozosa y violenta que lo acompaña, y al mismo tiempo, ponen de manifiesto una profundidad inusitada en otros muchos cineastas o pensadores. Kubrick es capaz de mostrarnos genialmente la profundidad de los símbolos de la que estamos hablando aquí. De manera que lo aparentemente más bajo y más vulgar, es al mismo tiempo lo más elevado.

Todo en 2001 hay que interpretarlo así. Nos está mostrando, de manera relativamente explícita, relaciones entre falos, vaginas, matrices, anos, bocas, ojos. Y lo está haciendo, al mismo tiempo, de una manera muy concreta y de una manera mucho más abstracta, sublimada, mística. En lo que hay que insistir es en que lo erótico y lo alimenticio tienden a fundirse en el momento en que ascendemos a un cierto nivel, en el momento en que estos dispositivos simbólicos operan en el marco de un ritual eroticoeucarístico.

Así, hay que entender el Monolito en clave fálica. Pero, de la misma manera, es complementario de un Anti-monolito vaginal-matricial. En diversos momentos en la película vemos el Monolito en contrapicado. Ha tomado de hecho el lugar del astro en el que se asienta, bien sea la Tierra o la Luna, y se alinea con otros astros para conformar una sizigia. Estos alineamientos o sizigias hay que interpretarlos como las fases más extremas de los astros, como solsticios, como lunas llenas y nuevas, como eclipses. Y al mismo tiempo hay que asociar estos astros a figuras sagradas femeninas y masculinas, y hay que interpretar estas sizigias como sus relaciones, sus jerarquías, sus equilibrios, sus rivalidades. Todo ello en el marco de rituales hierogámico-sacrificiales que, además, conforman zoés. O dicho de una manera más concreta, con estas alineaciones astrales Kubrick nos está hablando de rituales sexuales, bien sean de tipo anal o vaginal, y de rituales de sangre.

Pero lo que es importante comprender es que Stanley Kubrick tiene una capacidad genial para moverse al mismo tiempo a distintas profundidades simbólicas. Así, por ejemplo, en la primera de estas sizigias, la luz del Sol se proyecta sobre la Tierra, dibujando un arco, que a su vez remite a cuernos de bóvidos. Poco después, nos muestra el cráneo de uno de estos bóvidos, con dos grandes cuernos similares a los que acabamos de ver proyectados sobre la Tierra. Después, en otra secuencia central que cierra el episodio de la humanización, el macho alfa golpea con un hueso, otra vez, el cráneo de un bóvido. En lo que pocos han reparado es en que este homínido se coloca, exactamente, delante de uno de estos cuernos. Kubrick nos está hablando del falo sodomizador.

Por otro lado, este hueso, que después veremos que será la primera arma, aparece en varias imágenes con una protuberancia marcadamente fálica en uno de sus extremos. Pues bien, este macho alfa, que parece estar recordando la escena del Monolito, en realidad está recordando su sodomización traumática. Esto es lo que significa el cuerno que Kubrick ha escondido detrás de él, pero que ha mostrado en dos tomas anteriores para que el espectador atento comprenda que estamos ante el régimen del falo sodomizador.

Pero, para ser más exacto, sí que está recordando el Monolito, y no está recordando la sodomización. Porque estamos ya en el marco de una programación de control mental mediante trauma, en la que la experiencia traumática es compartimentalizada amnésicamente. En otras palabras, el primer humano lo es porque es víctima de un MK Ultra avant la lettre. La humanidad surge con el sacrificio de sexo y sangre, y este a su vez, se sustituye progresivamente por símbolos, que lo ocultan y aluden a él al mismo tiempo. Esto es lo que representa el Monolito. El ritual de sexo y de sangre, la traumatización, pero compartimentalizando la experiencia real. En este sentido, el Monolito es un falo simbólico que oculta penes y otros falos más concretos, amamantadores, violadores, sodomizadores. Y es, al mismo tiempo, un disparador de control mental basado en el trauma. El macho alfa lo es porque es un verdugo, pero también porque, al mismo tiempo, ha sido una víctima traumatizada.

De manera que, este hueso, como venimos diciendo, no es un pene, un simple órgano sexual masculino, sino un falo, esto es, un arma hierogámica y sacrificial, un dispositivo de poder-religión. Johann Jakob Bachofen nos ha hablado en El matriarcado de la importancia de los bastones de mando y de su simbolismo. Que hay que interpretar, antes que nada, en el sentido más concreto, como falos sustitutorios desvirgadores, sodomizadores, violadores, amamantadores, además de como armas sacrificiales. Porque el sacrificio y la hierogamia operan en conjunto. Y después, estos falos se van sustituyendo por otras formas, que se parecen menos a penes, y sin embargo siguen siendo falos: obeliscos, cruces, torres, columnas, teléfonos móviles... Esto es, falos que operan como dispositivos culturales, morales, de ingeniería social, científicos, tecnológicos. Por eso tiene tanto sentido, como veremos, que este arma hierogámico-sacrificial, este falo, se convierta en nave espacial.

El homínido que ha descubierto el poder del falo lo utiliza contra otro homínido. Se ceba sádicamente con él, incluso cuando ya ha sido derrotado. De la misma manera que los Illuminati bombardean Dresde, Hiroshima, Nagasaki o celebran el sacrificio del 11S. Una tribu de homínidos-humanos vence a la otra, pero al mismo tiempo el macho alfa, el tramatizador-traumatizado, es el germen de las sociedades de iniciados, que dominan a sus congéneres profanos mediante el dispositivo del falo y el resto de dispositivos de poder-religión.

Por lo tanto, y a pesar de lo rudimentario de la acción, estamos ya ante un sacrificio. El genio Kubrick ha sabido llegar hasta el límite, hasta lo que ha podido ser el primer sacrificio hipotético. Aquel en el que están ya presentes todos los elementos de la mecánica sacrificial —de hecho, insistimos, hierogámico-sacrificial— aunque carezca de ritualística. Nos muestra los elementos básicos del sacrificio: el verdugo, la víctima, y una zoé en torno a ambos, que se debate entre uno y otro. De hecho, dos zoés, lo que es todavía más lúcido por parte del director, que se escinden netamente, precisamente en el marco de la hierogamia-sacrificio. Este verdugo, que como decimos ha sido antes víctima, es el primer líder, del que surge la casta de iniciados-traumatizados, separada también netamente de la sociedad profana. En la medida en que orquesta el ritual de sexo y sangre. En la medida en que están marcados por la falocracia y la psicopatocracia. Por haber mamado falo, por haber sido violadas y sodomizados desde siempre.

Este sacrificio, en el que el primer humano mata al último homínido, por así decirlo, nos lo cuenta Kubrick, como decíamos, disociado en dos imágenes. De manera concreta y de manera abstracta. Nos muestra los cuernos, los huesos reales, y nos sugiere la felación y la sodomía. Y al mismo tiempo nos muestra como estos objetos reales son, también desde un principio, sustituidos por símbolos de poder-religión, por falos, como es el Monolito. Al que los homínidos-humanos adoran porque están ya inscritos en una programación mental mediante trauma, tanto dura, la de los iniciados, como blanda, la de los profanos.

Esta misma mecánica de disociación mental, vinculada a la traumatización, es la que nos permite comprender en profundidad toda la obra de Stanley Kubrick. Ya lo hemos mostrado en detalle en películas como La naranja mecánica y El resplandor, que no se pueden entender sin ponerse en la mente de sus protagonistas, que son múltiples. Por eso el cine de este director es tan difícil de comprender. Porque la mayoría del público no comprende en qué consisten los programas de control mental mediante trauma. Porque interpretan como fantasía o fenómenos paranormales lo que son las experiencias reales de los múltiples, que es lo que son la práctica totalidad de los Illuminati.

Esta es la escisión radical que atraviesa toda la cultura humana desde el principio. La que compartimentaliza en los álters amnésicos de los múltiples las experiencias traumáticas, la que construye símbolos profundos que las encubren, que son, al mismo tiempo, disparadores de disociación. Y lo mismo ocurre a nivel individual y social. La cultura humana nace ya ocultando y disociando, en el ámbito de cultos mistéricos, todo lo excesivo que la sociedad profana no está preparada para comprender. Esto es lo que significa el Monolito. Por eso lo vamos a encontrar sistemáticamente en contextos ctónicos, en grutas mistéricas, en cistas místicas.

Lo que ha comprendido genialmente Kubrick es lo que estamos también tratando de mostrar aquí: que la cultura humana está atravesada desde su origen por esta disociación, por esta escisión, por el trauma, por el falo. Si el Monolito simboliza el falo es porque vincula precisamente estos dos niveles, el de la experiencia traumática, que es, en definitiva, el ritual de sexo y de sangre, y su sublimación en forma de sizigia astral, de divinidad, de inteligencia, de razón, etc.

Arthur C. Clark, coguionista de la película junto con Kubrick, ha dicho en 2001: The Making of a Myth (2001), que antes de pensar en el Monolito, la idea era utilizar una pantalla en la que se proyectaban diversas imágenes. Esto es lo que veríamos en La naranja mecánica, tres años después. Otros investigadores han comentado que el Monolito se corresponde con una pantalla cinematográfica.

En otras palabras, el Monolito lleva implícito un Anti-monolito. El Monolito y el Anti-monolito hay que interpretarlos como símbolos muy profundos, esto es, que admiten muchos niveles de lectura. Son el arma sacrificial, el falo, el ano, la vagina, la matriz, la boca, el ojo. Pero, al mismo tiempo, son todos los dispositivos-símbolos de poder-religión que los sustituyen, y que por lo tanto remiten a ellos de manera implícita.

De hecho, las transferencias entre zoés de las que estamos hablando se dan en el marco de esta profundidad simbólica. Es como si toda esta mecánica hierogámico-sacrificial se estuviese dando al mismo tiempo a distintos niveles, de manera más concreta y de manera más abstracta, con un grado mayor o menor de sustitución simbólica. Las zoés más abstractas, más culturales, lo son porque encarnan parte de las energías libidinoso-agresivas, que siguen operando en escalas inferiores, más concretas, más naturales. El ritual hierogámico-sacrificial produce el salto entre unos y otros de estos niveles, consiste en una parte concreta que es disociada de otra parte más abstracta, en el marco de una experiencia traumática. El dominio y el control político-religioso se producen tanto a un nivel como a otro, tanto explotando nuestra animalidad como condicionando nuestros pensamientos y comportamientos con patrones lógicos, racionales. Porque de hecho ambos polos remiten a una misma escisión radical, que atraviesa todo lo humano.

En otra imagen, vemos a una cría de estos homínidos-humanos chupando uno de estos huesos. Después de que ha sido utilizado como falo sodomizador y como arma sacrificial. Evidentemente, Kubrick nos está hablando del falo amamantador. Poco antes, habíamos visto a una de estas crías sobre el seno de su madre. Y no hace falta decir que este falo, con el que comienza la cultura humana, es también el falo violador. Como hemos mostrado en Sacrificios y hierogamias, la cultura humana comienza con el exceso libidinoso-agresivo, con la lascivia, con la violencia, con el sadismo. Todas las categorías que el pensamiento dominante dice que caracterizan al humano, que lo diferencian de los animales —el pensamiento abstracto, la inteligencia, la razón— son todas ellas fruto del régimen del falo y de la disociación mental. Los que no han comprendido esto es porque son víctimas de programación mental que les impide ver lo que es obvio y está delante de sus narices.

Esta es la escisión entre el espíritu y el exceso libidinoso-agresivo de la que venimos hablando desde el principio. Kubrick nos está hablando entre líneas de esto mismo. Nos está diciendo que el espíritu humano, el que está en la base de la cultura, es inseparable del exceso del ritual de sexo y sangre. Nos lo cuenta en varias imágenes aparentemente independientes, para que el espectador observador una las piezas y comprenda el mensaje en su totalidad. Utiliza los mismos símbolos en distintos planos, que el espectador lúcido debe integrar. Y lo hace así para no escandalizar al público medio, adoctrinado y manipulado por el sistema para no comprender esta dimensión constitutivamente excesiva, inmoral, sádica, de la cultura. Los que lo han comprendido y lo han mostrado han sido duramente castigados por ello, incluso asesinados

Todo esto abunda en lo que venimos diciendo. El espíritu es producido por el exceso gozoso y violento. Por espíritu hay que entender todo lo que este supone: la cultura, la razón, la ciencia, la tecnología. Esto es también lo que significa el Monolito y sus sizigias astrales, sus dos líneas paralelas y al mismo tiempo confluyentes, que es una paradoja que ha interesado siempre a los geómetras. El Monolito simboliza este exceso libidinoso-agresivo, fálico, pero al mismo tiempo ritualizado, inscrito en la ciencia y en la técnica, que son, en última instancia, también rituales.

La cultura humana surge ya con esta tendencia que la inclina hacia el polo patriarcal, pero que sigue conviviendo con el polo matriarcal durante milenios. Hasta hoy, en que nos acercamos a la extinción del polo matriarcal, en el contexto de las sociedades profanas. Este nos parece también que es el tema central de 2001. Ya hemos visto que en muchas de sus obras está presente la maternidad o el matriarcado. Pero como vacío, como ausencia, como vemos en los cuadros de matriarcas de los linajes de poder, que siguen presidiendo los rituales, aunque sea in effigie. Pues bien, algo parecido pasa en 2001 con el Anti-monolito. En un principio se podría decir que el protagonista de esta película es el Monolito. Pero esto no sería del todo cierto. Pues, en todo momento, este Monolito fálico hay que entenderlo en relación con un Anti-monolito vaginal-matricial.

Una de las secuencias más conocidas de la película es aquella en la que el macho alfa de la tribu de homínidos-humanos lanza el hueso al aire. Y entonces se produce una elipsis de miles de años, en la que la humanidad ha transformado esta primera arma hierogámico-sacrificial, este primer falo, en una nave espacial. Kubrick pone cuidado en mostrarnos varias versiones de esta nave. Primero más marcadamente fálica, y después, con forma de cruz, con los brazos punzantes. Si el Monolito se clavaba en la cueva ctónica, después vemos a esta nave-cruz en perpendicular con respecto a la Tierra. Y finalmente vemos cómo se alinea con otra gran nave circular, con dos cruces inscritas en sendas ruedas, y con una gran abertura roja en el centro, que es precisamente el Anti-monolito. Este rojo es el que el director utiliza a lo largo de la película para significar todo lo que tiene que ver con esta mecánica hierogámico-sacrificial, con lo eroticoeucarístico.

Mientras la nave-cruz se acerca, vemos el Anti-monolito proyectado en la pantalla de la cabina, en posición vertical. Y al mismo tiempo, enfrente, en posición horizontal. Para que comprendamos que el Monolito y el Anti-monolito se complementan. Después nos acercamos a la gran abertura horizontal. La nave-cruz se alinea con esta abertura oblonga, de la misma manera que los astros se alinean en las sizigias. La música de En el bello Danubio azul de Johann Strauss hijo subraya esta alineación, alcanzando su máxima intensidad en el momento en que la abertura aparece en vertical en la pantalla, esto es, erecta, como un falo, y la nave se introduce en el gran hueco vaginal-matricial. Pero insistimos en que hay que interpretar todo esto de manera muy abierta, en clave eroticoeucarística, al mismo tiempo en sentido alimenticio y sexual, y a distintos niveles, de lo más concreto a lo más abstracto.

Lo interesante es que, en paralelo a esta cópula espacial, vemos en el interior de la nave al Doctor Floyd, cuya pluma se ha salido de su bolsillo y flota en el espacio ingrávido. Significativamente, entre la pareja que aparece en la pantalla. Porque hay que interpretar esta pluma, flotando en el espacio, como el falo castrado de Osiris. Que a su vez remite a los cuernos, y a la última luna menguante, a su catorceava fase. También podemos interpretar su mano como un gesto masturbatorio. Quizás, en alusión a los rituales de fertilidad en los que los faraones egipcios se masturbaban en el Nilo. Pero también, esta es la mano que sostiene el cetro de mando, que es otra sustitución del falo ritual, y que después veremos en la nave Discovery One.

Lo importante es comprender que seguimos ante el dispositivo del falo al que estamos dedicando esta obra. Kubrick ha entendido muy bien que la cultura humana está, desde un principio, atravesada por este exceso libidinoso-agresivo, que hace del pene un falo, de la vagina una vagina dentada, de la matriz natural una matriz cultural, que distingue un ojo solar y un ojo lunar, etc. Este exceso sexual y violento no abandona nunca a la cultura, porque es lo que la nutre y la transforma. Otra vez, el mito del "progreso" es inseparable de esta dimensión libidinoso-agresiva excesiva. Solo el ritual de sexo y sangre alimenta esta transformación, que es solo un "progreso" o un "avance" en un sentido muy limitado, pues implica una barbarie inhumana cada vez mayor. Son los cultos mistéricos, que después desembocan en el satanismo y el luciferismo, en la cumbre de las sociedades secretas, las que esconden y al mismo tiempo articulan este exceso libidinoso-agresivo, que es la única fuente de transformación humana. El director estadounidense ha comprendido muy bien que la ciencia y la tecnología están inscritas en esta mecánica hierogámico-sacrificial. Y lo ha expresado genialmente con hierogamias y sacrificios, que se están produciendo al mismo tiempo a distintos niveles.

De manera que el Dr. Floyd es Osiris, el dios castrado, sacrificado y descuartizado. La azafata es Isis, como muestran las alas en sus pies, buscando los fragmentos despedazados de Osiris, tambaleándose en la nave espacial, como la diosa egipcia lo hacía en su barca, en el Nilo. Encuentra la pluma-falo, y la vuelve a colocar en el bolsillo del Dr. Floyd, de la misma manera que Isis reconstituía el cuerpo desmembrado de Osiris, antes de unirse en una hierogamia necrofílica con él. Así es que esta pluma es también el falo castrado.

En suma, Kubrick nos está diciendo que la cultura, la ciencia y la tecnología están inscritas en esta mecánica hierogámico-sacrificial, en la que desempeñan un papel protagonista los dispositivos del falo, de la vagina dentada, del ano sodomizado, del ojo solar y lunar, etc. Y esto a distintas escalas. No solo porque, en el fondo, toda la cultura es una sustitución de estos rituales. También porque, en un sentido mucho más concreto, el espacio es uno de los ámbitos de vanguardia de la investigación, controlado por las sociedades secretas, en el marco de programas de control mental mediante trauma. El Dr. Floyd no solo es Osiris metafóricamente. Lo es de una manera muy concreta, porque es un alto iniciado de una sociedad secreta, que ha tenido que atravesar toda una serie de grados iniciáticos para tener el privilegio de ocupar un cargo tan importante. En otras palabras, es un programado mental mediante trauma, como ocurre con la mayoría de los puestos de responsabilidad en los sectores de punta. Como ocurre con la práctica totalidad de los Illuminati.

Por eso la nave en la que viaja tiene forma de ataúd, un tema que encontramos repetidamente a lo largo de la película, así como en otras obras del autor. Pero, como decimos, Kubrick está vinculando de manera genial todas las escalas y nos muestra el tema del ataúd de distintas maneras. Como, por ejemplo, cuando alunizan en la base Clavius y la nave desciende a una inmensa sala, otra vez de color rojo, y con forma de ataúd. Clavius es la clave, el lugar en el que impera el secreto, la programación mental, los álters amnésicos de los múltiples producidos para esta tarea en las bases secretas de la NASA, muchos de ello procedentes de linajes de múltiples producidos a su vez en el marco del abuso intergeneracional.

Pero, en paralelo a todo esto, el genial director estadounidense nos está hablando de la progresiva imposición del régimen patriarcal al régimen matriarcal. Hasta el sacrificio definitivo de la maternidad natural que hoy se consuma ante nosotros. Las sizigias hay que entenderlas en este sentido, como alineamientos en los que las posiciones extremas y relativas de la Tierra, el Sol y la Luna se repiten, después de ciclos de Saros —de 18 años y 11 días―, y ciclos de Metón ―de 19 años―, a los que Kubrick hace numerosas alusiones explícitas en el filme.

La película comenzaba con una de esas sizigias, pero vista desde la perspectiva de la Luna, y antes de que estuviese presente el Monolito. La misma noche en la que aparece el Monolito vemos una alusión evidente al matriarcado, en un momento en que la cámara enfoca a una hembra con su cría, al lado de un macho, que ocupa una posición secundaria. Pero que está ya en conflicto con otro polo patriarcal.

Despúes, vemos la última luna menguante, sobre un fondo bañado en rojo. Esta es la fase numero catorce, como el falo es el fragmento catorceavo de Osiris. Ahora Kubrick nos está hablando, de manera muy sutil, del falo violador. Por eso, esa misma mañana, aparece el Monolito. Que como decimos hay que interpretar en términos simbólicos, como un objeto sagrado, como una sustitución ritual, como un falo, como un receptáculo en el que se proyectan las energías libidinoso-agresivas excesivas. Todo esto significa, también, que la cultura humana comienza con este conflicto entre patriarcado y matriarcado.

Como hemos mostrado en Sacrificios y hierogamias, la manera en que ha tratado este tema el pensamiento dominante ―para empezar, Claude Lévi-Strauss en Las estructuras elementales del parentesco― ha servido para diseccionarlo como un animal de laboratorio, pero no para comprenderlo como un fenómeno vivo que atraviesa toda la cultura. Frente a estas visiones dominantes, que distinguen claramente entre regímenes patriarcales y matriarcales, nuestra opción es considerarlos como polos que se complementan y rivalizan, en función de los distintos contextos epocales y culturales.

Desde el inicio de 2001 Kubrick nos está mostrando que la cultura humana comienza con una tendencia fuertemente patriarcal, pero que esta no tendría sentido si no es con el contrapunto del matriarcado. Todo ello, a su vez, en el marco del ritual de sexo y de sangre y de la programación psicopatocrática que conlleva. El polo patriarcal es el de la utilización político-religiosa del falo. Falo que es, antes que nada, falo violador, pero que es al mismo tiempo falo amamantador y falo sodomizador, que es sobre todo el que programa a la psicopatocracia masculina que representa este polo patriarcal.

En este sentido hay que interpretar otro tema central de 2001, así como, en general, las sociedades secretas predominantemente masculinas, como es el de los gemelos varones. En diversas ocasiones a lo largo de la película encontramos parejas de varones enfrentados, que hablan, que conducen naves espaciales, con personajes femeninos que ocupan posiciones secundarias, sirviendo a los primeros. Y al final de la película, esta confrontación entre los gemelos se hace mucho más explícita. De hecho, con un ritual sacrificial, en el que participan tanto el ordenador central HAL 9000 como el comandante David Bowman. En A.I. Inteligencia Artificial, basada en una idea de Kubrick, encontramos a otro David inmerso en una misma mecánica gemelar y de programación psicopatocrática. Ambos hacen alusión al linaje de David, y a los múltiples gemelos de su linaje que encontramos, de una manera más o menos explícita, en la Biblia.

Todo esto nos muestra hasta qué punto el dispositivo del falo es versátil. Es, al mismo tiempo, un falo amamantador, un falo violador, un falo sodomizador, y un arma sacrificial, tanto de víctimas femeninas como masculinas. El invento más importante de la cultura humana es el falo.

En la base lunar a la que llega el Dr. Floyd tiene lugar una reunión con un consejo de dirección. Aquí volvemos a encontrar la misma composición de la que venimos hablando, la Pirámide truncada, de nuevo en el marco de las relaciones de poder entre los Illuminati. Podemos interpretar una alusión a diversas estructuras de poder conformadas por 12 consejeros, con una trinidad central. Que Kubrick utilice esta composición, que deje el asiento central vacío, que coloque a este Dr. Floyd-Osiris como cabeza de esta trinidad, abunda en lo que venimos diciendo del predominio del patriarcado y del falo en el régimen de poder de los últimos milenios. Porque interpretamos este sillón vacío como la matriarca ausente de la que el director nos habla en muchas de sus películas.

Después se dirigen al lugar en el que ha sido encontrado el Monolito. Insisten en que habría sido "deliberadamente enterrado". Antes, en la reunión del consejo, el Dr. Floyd dejaba claro que el tema era altamente secreto, y que al público se le iba a desinformar para que no lo conociese. Kubrick nos sigue hablando, como decíamos, del papel central que este régimen falocrático siempre ha desempeñado en las sociedades secretas que ostentan el poder-religión real en la sombra. El Monolito enterrado y rodeado de unos muros de contención, con motivos de ataúdes, puede ser interpretado en un sentido similar a la depresión del terreno que veíamos al principio, como la cueva de los misterios, en la que tiene lugar el ritual de sexo y sangre, o como la cista mística, que escondía el falo, también en los misterios egipcios y griegos.

Después vemos una imagen curiosa. Los astronautas posan junto al Monolito, y uno de ellos les hace una foto. Entonces escuchan un sonido estridente, y volvemos a ver en contrapicado la sizigia del Monolito, esta vez ocupando el lugar de la Luna, con la Tierra y el Sol. Una vez más, hay que interpretar esto, como la primera vez que lo vimos, como el ritual de sexo y de sangre. De hecho, los 5 astronautas que Kubrick coloca posando para la foto pueden hacer alusión al pentagrama satánico. Pero el pitido y las diversas luces que se proyectan sobre ellos nos hablan de hecho de satanismo científico, que es lo que son los programas de control mental mediante trauma. Si Kubrick insiste tanto en que el Monolito ha sido "deliberadamente enterrado", si insiste en el secretismo, la lealtad y la obediencia, es para que comprendamos que la investigación de punta sigue funcionando como lo hacían las castas iniciáticas y las sociedades secretas de la antigüedad. Esto es, bajo el dominio de la falocracia y de la psicopatocracia. Esta es la realidad. Después, hay toda una labor de propaganda para que las sociedades profanas no comprendan esto e idealicen este mundo.

Como decíamos, Stanley Kubrick nos habla a lo largo de toda su obra del sacrificio de la maternidad. Pero en 2001 esto es aún más evidente. Además, este sacrificio se puede enmarcar en las tres eras de la humanidad propuestas por Aleister Crowley. El episodio de los homínidos se puede interpretar como la era de Isis o del diminio matriarcal. Si bien, como decíamos, este dominio está siempre tensado por otro polo patriarcal. Después, el episodio en la Luna, se correspondería con la era de Osiris o del dominio patriarcal, representado por el Dr. Floyd y su pluma-falo castrado y perdido en el espacio-Nilo. Y por las parejas de figuras masculinas, articuladas por una figura femenina. Y la segunda parte de la película sería la era de Horus, representado por el Dr. David Bowman, junto a su gemelo Harpócrates, que sería su adjunto, el Dr. Frank Poole.

Ya hemos visto que todo en esta película gira en torno a trinidades. Las sizigias de la Tierra, el Sol y la Luna, con el Monolito ocupando el lugar de la Tierra, primero, y el de la Luna, después, hay que entenderlas en este sentido. Hemos visto que en la primera de ellas la Luna ocupaba el primer plano. Y después desaparece del cuadro y deja solos a la Tierra y al Sol, a pesar de que todavía no hemos visto el Monolito. Aunque ya se sugiere en el título de la película. Pues bien, hay que interpretar este comienzo como la era de Isis o del dominio matriarcal.

Después vemos el Monolito ocupando el lugar de la Tierra, y la Luna menguante, antes de su fase nueva, o de un eclipse lunar. Esto hay que interpretarlo como la era de Osiris o del dominio patriarcal. Sobre la Pirámide truncada Illuminati se asoma el Sol, lo que nos anuncia la siguiente era de Horus.

Después veremos una sizigia parecida, solo que ahora el Monolito ha ocupado el lugar de la Luna, lo que hay que interpretar como el dominio completo del patriarcado sobre el matriarcado. Si la presencia de la mujer en la primera gran nave era muy marginal, en la segunda nave, la Discovery One, está completamente ausente.

La primera imagen del filme, con el anagrama de la productora Metro Goldwyn Mayer, hace alusión a la trinidad femenina-masculina-femenina. En la primera gran nave, la trinidad dominante pasa a ser la masculina-femenina-masculina, pero con una figura femenina que aparece siempre subordinada a las dos masculinas, que está en trance de desaparecer. Así hay que interpretar, como decíamos, la reunión del consejo en la base lunar, presidido por una trinidad masculina. El sillón vacío en el centro nos habla de esta figura femenina de la trinidad, que está en trance de desaparecer. O que se enmascara tras el Espíritu Santo, como ocurre en la Trinidad oficial cristiana. Y de hecho algo de esto ocurre con el ordenador HAL 9000. Y es que, en la nave Discovery One, la trinidad pasa a ser la que conforman Bowman-Horus, Poole-Harpócrates y el ordenador central HAL.

Por eso, después, cuando el Dr. Poole y HAL juegan al ajedrez, vemos que el alfil —el bishop, 'obispo'—, se come a la reina —la Iglesia sacrifica a la matriarca y a la maternidad—. Y después el caballo se come al alfil —el caballero masón sacrifica a la Iglesia, que de hecho ha creado y controla—. Finalmente, el caballo da el jaque mate al rey —las sociedades secretas sacrifican al humano para crear el transhumano—.

A otro nivel, vimos cómo la primera gran nave circular era fecundada simbólicamente por la nave-cruz. De ella nacía una nave de forma sensiblemente circular, que a su vez se enterraba en un gran ataúd en la base lunar. En otras palabras, estábamos todavía en el marco de la fecundidad natural de humanos, que son sometidos a rituales de cercanía a la muerte, como parte de su iniciación y disociación mental. En la nave Discovery One, por el contrario, la fecundidad natural ha sido ya completamente extinguida. Los rituales hierogámicos que vamos a encontrar serán solo de nacimiento, pero nacimiento artificial. Esta nave se ha convertido en un gran falo, vagando solo por el espacio, como el falo de Osiris. La mano masturbadora del Dr. Floyd excita este falo que eyacula la cápsula del Dr. Frank Poole, o Harpócrates, el último ser humano.

El tema de fondo de este episodio en la nave Discovery One es la producción del transhumano, el ser que no es ya concebido por una madre humana natural, sino por su sustitución, la ciencia, la tecnología, la ingeniería genética. Pero este transhumano va a ser también el resultado de la rivalidad gemelar entre Horus y Harpócrates.

Primero vemos a Poole corriendo alrededor del diámetro de la nave. Después veremos que mantiene todavía alguna relación, aunque muy distante, con sus padres, que le envían un mensaje desde la Tierra. Evidentemente, porque es otro fruto del abuso satánico intergeneracional. Pero lo importante es comprender que el Dr. Poole es Harpócrates, el último ser humano nacido de mujer. El Dr. Bowman es, por el contrario, Horus, el primer transhumano, nacido de la matriz artificial.

Por eso vemos aparecer a este último, esto es, nacer simbólicamente, del centro de la esfera. Si en la primera nave la nave-cruz fecundaba la gran nave circular, estructurada, a su vez, en forma de doble cruz, y lo hacía penetrando por su centro, ahora la nave Discovery One es una inversión de la primera, otra vez con dos ruedas en cruz, y Horus nace del mismo eje que antes era fecundado. De hecho, la primera imagen que vemos de Bowman es la que se refleja en el ojo de HAL 9000, que hay que interpretar también como el Ojo que todo lo ve. Un ojo bañado en rojo, que abunda en todo lo que hemos dicho sobre el trasfondo ritual de estos ojos, de su vinculación con el ritual de sexo y sangre. Un ojo solar que, como hemos dicho, remite al falo en general, y en particular, al falo sodomizador que sacrifica al ojo lunar. Y es que, como decíamos, la sodomía infértil sustituye a la cúpula fértil, en el régimen fuertemente patriarcal, en la era de Osiris, que antecede a la de Horus.

El acontecimiento central de este episodio es el fallo de una pieza en el exterior de la nave. Precisamente en la antena central de una trinidad, que hay que interpretar en el marco de todo lo que hemos dicho. Es, en el fondo, la figura matriarcal ausente, sustituida por su sucedáneo, la prostituta sagrada, la que suscita la rivalidad de los gemelos. Los astronautas deben salir al exterior de la nave a repararla. Pero esto hay que interpretarlo como una programación de gemelamiento o twinning, como un ritual sacrificial en el que un gemelo es obligado a asesinar a otro. Esto es lo que representa el fallo, intencionado, de HAL 9000. Que nos recuerda que la ciencia y la tecnología siguen inscritas en el marco de la mecánica hierogámico-sacrificial. De hecho, Kubrick subraya que estamos ante la programación de gemelamiento diciéndonos que HAL 9000 tiene también un hermano gemelo, que no ha fallado.

En otras palabras, el adoctrinamiento de David, que pertenece, obviamente, a un linaje Illuminati, pasa por obligarle a sacrificar a su gemelo Frank, que es, por el contrario, un niño "sacrificable". Pero todo es orquestado para que parezca que tiene que hacerlo, como si de una necesidad imperiosa se tratase. De hecho, para poder salvarse el mismo. Frank ha sufrido un "accidente", y David sale a rescatarlo. Pero entonces HAL 9000 le obliga a sacrificarlo, si se quiere salvar él. En esto consiste la programación Illuminati. Así es como programan a sus miembros. Esto es lo que significan las imágenes geniales que ha compuesto Kubrick, en las que Bowman presenta el cuerpo de Poole al ordenador HAL 9000. De la misma manera que se presenta una víctima a un holocausto. Se presentan, de hecho, al cetro fálico que orquesta el ritual, como nos mostró en Eyes Wide Shut.

Antes veíamos cómo Bowman dibujaba a sus compañeros hibernados, y HAL se interesaba por sus dibujos. El humano empatiza con el sufrimiento de otro humano, de su igual. Pero la élite se aprovecha de esta empatía para manipularle. La élite que ostenta el poder-religión real es, por definición, inmoral. Pero les programan álters frontales morales. La máquina no es más que intermediaria en todo esto, ha sido concebida en el marco de esta mecánica, de manera que articule la inmoralidad radical y la instrumentalización de la moral. La élite basa siempre su poder en un diferencial moral, que es también un diferencial psicopatocrático.

Que estamos ante gemelos rituales se pone de manifiesto en que, en un momento determinado, ambos se introducen en una sola cápsula. Esto es también parte de la programación de gemelamiento, en la que, primero, se fomenta una vinculación muy íntima entre los dos gemelos, para luego romperla mediante el sacrificio y producir la disociación mental del superviviente, que es el miembro de los Illuminati. El sacrificado es, evidentemente, uno de los cientos de miles de niños que las mafias y las ONGs de los Illuminati secuestran en guerras, catástrofes, favelas, centros de menores, o cualquier otro contexto en que encuentren niños ya traumatizados, drogados, múltiples, etc., lo que les simplifica enormemente el trabajo.

En la cápsula vemos también una ventana con forma ovalada, que hace alusión al huevo místico, y a que estos gemelos no son fruto de una madre natural.

La alusión al huevo místico la encontramos también en la entrada de emergencia a la nave. Una vez que Bowman ha sacrificado a Poole, HAL 9000 no le abre la compuerta. Entonces este se ve obligado a entrar por esta compuerta de emergencia. Hay que interpretar esta entrada como un parto prematuro, como una transferencia entre dos matrices. De la misma manera que algunos niños sagrados nacían prematuramente y después terminaban de ser gestados en los muslos o las cabezas de los dioses, o en crisoles artificiales. Así, esta sala oval, otra vez bañada en rojo, hay que interpretarla como una matriz artificial.

Y el acceso de David a la memoria de HAL 9000 hay que entenderlo en el mismo sentido. Como dijimos, la abertura oblonga de la primera gran nave había que interpretarla como un Anti-monolito, como una vagina-matriz artificial. La veíamos ya bañada en rojo, cuando la nave-cruz se acercaba a ella. Pues bien, ahora volvemos a ver un espacio rectangular que se puede interpretar como otro Anti-monolito, como otra matriz transhumana. Vemos a David reflejado en el ojo de HAL, como al primer vez que nacía del centro de la nave.

Lo que esta imagen simboliza, en el sentido más profundo, es el nacimiento del transhumano de la ciencia y la tecnología, de la ingeniería genética, de la inteligencia artificial. La desconexión de HAL 9000 es como el sacrificio de Poole, una mera formalidad, porque tiene también un hermano gemelo. Por eso HAL canta, mientras muere, la canción Daisy ('Margarita'), en alusión a las margaritas que utilizaba Joseph Mengele, apodado el Dr. Green, al aplicar la programación de gemelamiento. Según han contado muchos esclavos de control mental, arrancaba los pétalos de una margarita, diciendo "Te quiero. No te quiero..." para decidir si debía sacrificar o no a un niño esclavo. Evidentemente, el juego estaba manipulado, como todo lo que hacen los Illuminati, para acabar o parecer que se acababa con un niño "sacrificable", y utilizarlo para traumatizar a un Illuminati, o a un no Illuminati, pero útil a su agenda. Lo que Kubrick nos está mostrando es que toda está mecánica perversa y psicopatocrática se inscribe cada vez más en la ciencia y la tecnología, hasta que son ellas mismas las que ejecutan los rituales sacrificiales sistémicos. Bajo el control, por supuesto, en última instancia, de una élite minoritaria.

Una vez que HAL es desconectado la nave Discovery One llega a Júpiter. Allí David vuelve a salir al espacio en su cápsula y conforma otra sizigia más, pero ahora con este planeta y sus cuatro satélites mayores o galineanos. Lo interesante es que ya no vemos el Monolito en posición vertical, sino horizontal, girando hasta desaparecer. Esto confirma todo lo que veníamos diciendo. El Monolito implica también un Anti-monolito. El cierre de la era de Osiris es también el de la falocracia. El transhumano concebido por la matriz artificial se convertirá en ganado cibernético, completamente manso bajo la programación de control mental total y su fusión con la tecnología. Con la extinción de la era de Osiris se extinguirá también el falo. Pero entonces estaremos tan fundidos con la tecnología que no se podrá hablar del ser humano, sino del infrahumano.

En el episodio final de la película Kubrick cambia de registro y vuelve a tratar de un tema del que se ocupa en otras obras, particularmente en La naranja mecánica y en El resplandor, del que también hemos hablado. Es la mecánica cíclica de abuso ritual satánico y programación mental que impera en los linajes y sociedades secretas marcadamente patriarcales de la era de Osiris. Los distintos personajes que se van sucediendo pueden ser interpretados como los reyes salientes y los reyes entrantes de los regicidios, como las transiciones de poder de los patriarcas en los linajes, como los distintos álters disociados de un mismo múltiple. Lo que está claro es que estamos ante el régimen del falo amamantador y el falo sodomizador. Esto es, ante el abuso satánico ritual intergeneracional, que da forma a los linajes psicopatocráticos.

El detalle de la copa de la que bebe, y que se rompe, hace alusión a la violación y el sacrificio de la matriarca. Lo hemos visto, de otra manera, en otras de sus obras. Otra vez, de la matriarca queda ya solo el vestigio de la mandorla mística, del color verde de la fertilidad, que conforma el cabecero de la cama.

Este enigmático final se puede interpretar, de nuevo, como el del sacrificio del humano, Osiris, y su hierogamia con el intelecto artificial, para concebir a Horus, el transhumano. La película termina con Horus-el Sol enfrentado, otra vez, a Harpócrates-la Tierra. Esto es, el gemelo divino y el gemelo humano.

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Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015).