2017-06-26

Alison Miller: el satanismo es como el terrorismo de bandera falsa


El terrorismo que padecemos cada dos por tres y el abuso satánico ritual son, en esencia, lo mismo. Conviene desmitificar todo este mundo y comprender que lo que hacen es, en el fondo, muy sencillo: abusar sexualmente y torturar a las víctimas, a menudo a niños, para obligarlos a guardar lealtad, obediencia y secretismo. Todo ello en el marco de la programación mental mediante trauma y la creación de mentes disociadas que sirven de manera robótica a las agendas del poder-religión real.

La misma mecánica, más o menos sofisticada, es la que utilizan sectas marginales, minoritarias y la gran secta que son los Illuminati y que controlan todo el mundo. La misma mecánica es la que utilizan en los sofisticados rituales satánicos o luciferinos que articulan el poder-religión real al máximo nivel y los programas de control mental científico-tecnológicos como el MK Ultra-Monarch. La misma mecánica es la de este terrorismo duro que utilizan con los adeptos y el terrorismo blando que aplican para programar a la sociedades en general de diversas maneras, desde el terrorismo fabricado yihadista hasta el terrorismo fabricado de la llamada "violencia de género".

Esto lo cuenta muy bien la psicóloga canadiense Alison Miller, con más de 25 años de experiencia como terapeuta de víctimas de abuso satánico-luciferino ritual, programas de control mental mediante trauma y trastorno de identidad disociativo.

https://ritualabuse.us/smart/alison-miller/

Recomendamos encarecidamente ver su conferencia "Confronting the Spiritual Issues in Ritual Abuse", que impartió recientemente en la Survivorship Conference 2017, para desmitificar todo lo que se dice sobre el tema y comprender que, en última instancia, el abuso satánico ritual es lo mismo que el terrorismo de bandera falsa: una farsa, una escenificación, un fake. Se aprovechan de la inocencia y la debilidad de los niños, de la misma manera que se aprovechan de la buena fe de las sociedades profanas.

https://www.youtube.com/watch?v=smVS24Fv__k


Alison Miller nos dice que mucho de los que hacen en estos rituales satánicos, luciferinos o de otras ramas neopaganas son escenificaciones. Pero escenificaciones relativas, en la medida en que el abuso y la tortura, y por su puesto el trauma, son muy reales.

En general, una persona se disfraza de satanás, lucifer, belcebú, o diablos y demonios varios, con trajes de colores, máscaras, cuernos, pieles, cabelleras, rabos, etc., y viola y tortura a niños y a niñas. Esto es, se disfraza como otros antes se han disfrazado, o como la imaginación popular ha retratado a estos diversos seres maléficos, simplemente reactualizando, reritualizando el mito. También lo hacen con otras tradiciones, como con divinidades egipcias.

Miller nos da también una clave para comprender que muchos de los dioses teriomórficos o medio teriomórficos y medio antropomórficos de la antigüedad, y por supuesto todos los híbridos y quimeras compuestos de fragmentos de animales, reales o fantásticos, han sido antes que nada utilizados en rituales, en el marco del abuso y de la programación mental de los adeptos de las sectas. Las religiones son, antes que nada, programación de control mental mediante trauma.

Todo esto lo hacen acompañado de toda una parafernalia de escenografías, fuego, humo, ruido, etc., así como drogas, hipnosis, etc. Estos satanistas y luciferinos son maestros en la ficción. De hecho, en crear la realidad a partir de la ficción. De hecho, no es una casualidad que sean los mismos que controlan Hollywood y la Hollymúsica, y los medios de desinformación y ritualización de masas.

Esta psicoterapeuta nos habla de rituales de cercanía a la muerte, que los puede hacer en distintos grados de intensidad. Nos habla de un tipo más suave en el que meten a un niño en un ataúd y lo duermen con drogas. Después, lo despierten en un escenario que le dicen que es el infierno, esto es, a donde se va después de la muerte. También en el infierno celebran bodas de satanás, en la que estos personajes disfrazados violan a niñas o adolescentes. O bautismos satánicos, que también incluyen violaciones.

Este abuso ritual es parte de la producción de álters disociados en la mente de las víctimas, en los que se "introyectan" a su vez estos personajes disfrazados que participan en el ritual. De esta manera, la víctima crea toda una serie de álters en su sistema múltiple, a partir de estas figuras rituales, como satanás, lucifer, etc, y toda una serie de demonios. Lo mismo ocurre con otras figuras importantes de la jerarquía de la secta, abusadores o programadores, así como la familia de las víctimas, a menudo involucrada en el abuso. De esta manera, estos personajes más o menos reales o ficticios, se convierten en álters mentales, con mucha autoridad en la jerarquía de las mentes múltiples.

O bien, disfrazan al niño de uno de estos demonios, después de drogarle, hipnotizarle, dormirle. De manera que, cuando se despierta, experimenta cómo su personalidad ha cambiado. Porque todo el mundo le trata como si fuese otro. De esta manera, les programan o refuerzan álters disociados satánicos. O juegan con este tipo de disociaciones con espejos falseados, para reforzar la multiplicidad.

Pero lo importante es comprender que toda esta farsa es muy real, porque lo hacen con niños que creen que es real, que no distinguen la realidad de la ficción. Y porque el abuso sexual y la tortura que practican es muy real.

Se aprovechan de su inocencia para hacerles creer a los niños que son malos, que se les tortura o se abusa de ellos porque son malvados, porque se lo merecen. Este es un tema central para comprender toda esta mecánica perversa, que consiste en tensar extraordinariamente el polo malvado, canalizándolo siempre hacia los más inocentes, los más puros, los más pequeños. La clave está en producir artificialmente goce y violencia, y de esta manera tensar todo el espectro de energías libidinoso-agresivas, no solo de la secta, sino, a través de ello, de toda la sociedad.

Miller toca un tema central. En el marco de estos rituales, con niños todavía muy pequeños, ya se les empieza a adoctrinar en la psicopatocracia. Por ejemplo, se les obliga a elegir entre ser torturados o torturar a otros. Y, como dice la psicóloga, esta elección es muy importante, porque supone, aunque sea solo en parte, aunque sea bajo coacción, hacer a los niños responsables, culpables, de la violencia que infligen. Esto es, se le obliga a elegir entre ser víctimas o verdugos. Al principio lo harán de manera indirecta, pero después les harán ir asumiendo cada vez más el papel del verdugo. Porque la otra opción es ser víctima.

Esto es, todos están inscritos en una bipolaridad definida por el polo de la víctima y el del verdugo. De lo que se trata es de que los niños experimenten desde muy pequeños el rol de la víctima, y comprendan que solo pueden librarse de ello siendo verdugos. Que no tienen más opciones que elegir entre un mal mayor o un mal menor.

Así es como programan la psicopatocracia de sus miembros los Illuminati. Es matemática pura. Porque si una víctima se resiste no tienen más que hacer que ir aumentando la intensidad del abuso, hasta que su propio instinto de supervivencia les obliga a ceder y a ser verdugos, o cómplices de los verdugos. Lo que hacen es tensar extraordinariamente las situaciones vitales, llevarlas al extremo de la supervivencia, del "matar o ser matado". Todo esto lo hacen, como han mostrado también Cisco Wheeler y Fritz Springmeier, explotando el cerebro reptiliano, que es el que opera en las situaciones límite en las que está involucrada la supervivencia. Esto lo hacen con el miedo, pero también con drogas, trances hipnóticos, y en general toda la parafernalia ritual.

De manera que, sí o sí, formar parte de estos grupos significa ser una víctima que, progresivamente, se va convirtiendo en verdugo. La ascensión en la jerarquía se da, entre otros factores, en la medida en que este rol de verdugo inhumano, más frío o más sádico, se acepta mejor. Las personas con más calidad humana, con más empatía, son relegados a las posiciones más bajas, y los más sádicos o las más psicópatas, pero al mismo tiempo, los que disocian mejor, los que pueden jugar varios papeles al mismo tiempo, los que mejor compartimentalizan estas experiencias traumáticas, son lo que ascienden en la pirámide Illuminati.

Miller nos da otras de las claves para entender esta psicopatocracia. De lo que se trata es de que los álters víctima y los álters verdugo no se relacionen en las mentes disociadas. Lo mismo que en las sociedades. La multiplicidad es la clave para entender esta psicopatocracia, que está basada en producir artificialmente falta de empatía entre los distintos álters de un múltiple o las distintas personas de una sociedad. Para que, de esta manera, se impongan valores inhumanos, materialistas, funcionalistas, capitalistas, etc. Hay una estrechísima relación de todo esto con el racionalismo, el trabajo basado en objetivos, el mundo de la máquina, de la mercancía, del dinero, con la robotización, el transhumanismo, etc.

También simulan al dios y al jesús del cristianismo, con sus largas togas, barbas, melenas, etc., que los pueden también violar, torturar, insultar, escupir, etc., como otros seres sagrados. Pero, sobre todo, lo que hacen estas figuras "positivas" es despreciar al niño, decirle que es malvado, que se merece lo que le están haciendo, negándole cualquier ayuda. Las figuras adultas de la secta le dicen al niño, que está siendo abusado en ese momento, que le pida ayuda al dios cristiano, y este no acude. Y luego hacen lo mismo, le dicen al niño que llame a satanás, para que este acuda en su ayuda. Y entonces aparece una persona disfrazada de satanás, que lo salva de la tortura y lo reconforta.

De esta manera, desactivan cualquier sentimiento cristiano, pero también, cualquier creencia en divinidades trascendentes, que, evidentemente, no pueden competir con la realidad del abuso y la tortura real que producen estos otros personajes sagrados. Pero que son "humanos, demasiado humanos".

De esta manera, adoctrinan a los niños en la creencia de que la misma figura que los tortura es la que los salva, que no les queda más remedio que obedecer a la secta. No se trata de elegir entre el bien y el mal, sino entre un mal mayor y un mal menor, de manera muy concreta y muy física, en forma de tortura y abuso de ellos mismos.

También utilizan ángeles disfrazados, como el "ángel de la misericordia" o el "ángel de la puesta de sol". De nuevo, en el marco de rituales de cercanía a la muerte, más o menos reales o falseados con drogas, hipnosis, etc., tras los que estos ángeles acuden para salvar y aliviar a los niños.

También simulan operaciones en las que les colocan a las víctimas un corazón negro de otro humano o animal. Esto lo hacen en el marco de la programación de álters, para deshumanizarlos o demonizarlos, con la ayuda de drogas, hipnosis, etc. O hacen lo mismo con lo que dicen que es el cerebro de satanás. La misma mecánica la utilizan con aliens, monstruos o temas New Age.

De la misma manera producen la demonización de álters, se crea o no en la realidad de entidades demoníacas. La clave es que torturan o abusan de una víctima, y entonces les dan la opción de terminar con el abuso si aceptan la presencia de un demonio. Todo esto se hace al mismo tiempo con drogas, trance, etc. El resultado es que hay una asociación muy estrecha del álter que se crea y del demonio que se ha aceptado, y este se compartimentaliza en la mente múltiple para su uso robótico por la jerarquía Illuminati o del grupo mafioso o satanista de menor nivel que sea.

La clave de todo esto es convertir, progresivamente, a la víctima en verdugo. Se trata de coaccionar hasta tal punto a las víctimas que se vean obligadas a ser verdugos para evitar ser víctimas. Esto lo hacen con todo tipo de trucos, como por ejemplo, forzarlos a que sacrifiquen a una víctima animal o humana, con la ayuda de un adulto.

Todo esto lo hacen en lugares abiertos, en iglesias o criptas de iglesias, en buhardillas, etc. E incluyen el canibalismo, la comida de carne y la bebida de sangre humana, etc.

Miller nos habla también de la programación de gemelamiento, que hacen alrededor de los 6 años, a veces con un gemelo (ritual) que es sacrificado. Primero fomentan la vinculación y luego la rompen con el sacrificio. Esto programa a los niños para desconfiar y rechazar cualquier relación horizontal, con un igual, y solo vincularse a la secta psicopatocrática en el sentido jerárquico.

Esta psicóloga pone el dedo en la llaga: lo que persiguen es romper la empatía de las víctimas con cualquier otra persona. Convertir toda relación humana en una relación jerárquica basada en el miedo, el egoísmo, el interés, el fin justifica los medios, etc. Si el mundo es como es, es porque el verdadero poder-religión en la sombra ha sido programado así desde hace milenios hasta el día de hoy.

A las niñas que empiezan a ser fértiles, entre 11 y 13 años, la violan y las hacen abortar fetos, que son sacrificados en rituales. O mantienen a los niños vivos y los utilizan en distintos rituales. Obligan a las madres ahogar a los niños cuando lloran, como parte de la programación "no llorar". Esto desactiva de manera muy marcada el instinto maternal, que es lo que quieren hacer con toda la sociedad profana, en el marco del trans-infra-humanismo. U obligan a los padres a abusar sexualmente de sus hijos, bajo la amenaza de matarlos si no lo hacen.

Y Miller nos da otra de las claves que confirma la profunda vinculación entre satanismo, control mental y capitalismo: que el objetivo fundamental es esclavizar al abusado, esto es, convertirlo en objeto.

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015).