2017-05-11

"El resplandor" de Stanley Kubrick: la arquitectura de la programación Monarch


Stanley Kubrick ya nos mostró en "2001: una odisea del espacio", pero sobre todo en "La naranja mecánica", su conocimiento de los programas de control mental mediante trauma, que se suelen denominar de forma genérica MK Ultra, o de manera más específica, Monarca. Una década después, en 1980, el director estadounidense volvía a ocuparse del tema de la programación mental con su película "El resplandor".

Pero lo interesante de la manera en que Kubrick nos habla de estos programas de control mental mediante trauma, es que nos permite comprender que son mucho más de lo que sugiere la palabra "programación", de lo que sintetizó genialmente en su imagen de Álex sentado en una butaca de una sala de cine, con los "ojos completamente abiertos" (eyes wide open), obligado a ver películas de sexo y de violencia. Lo interesante, decimos, es cómo estos programas están profundamente vinculados al abuso familiar intergeneracional y al satanismo, y todo ello a su vez a la mecánica del poder-religión real en la sombra, o lo que podemos resumir como logias masonas, sociedades secretas, lluminati.

Creemos que la clave para comprender "El resplandor" es interpretar la arquitectura del hotel, así como la del laberinto que lo acompaña, como metáforas de la estructura mental de las víctimas de control mental mediante trauma. Las mentes de estos "múltiples", de estas víctimas de trastorno de identidad disociativo, son como una compleja arquitectura. Miles de álters conformando un complejo sistema, formando subsistemas, separados por paredes, por espejos, a distintos niveles, más o menos profundos, comunicados mediante ascensores, escaleras. Álters de paso y álters de almacenaje. Álters frontales, políticamente correctos, cristianos, católicos, jesuitas. Y álters ocultos, pervertidos, sádicos, satanistas.

El buen programador, como el buen arquitecto, debe integrar en una sola mente todo este conjunto heterogéneo de álters, de guardianes, de programas internos, de sistemas de compartimentación, de códigos, establecer sus prioridades, separar lo público de lo privado, los álters cristianos de los satánicos. Pero haciendo, por graves que sean las contradicciones, que todos convivan en un mismo ser.

Pues bien, esto es, ni más ni menos, lo que nos muestra Stanley Kubrick en "El resplandor". Nos está enseñando, con su característica profundidad, cómo funciona la programación mental mediante trauma. Nos está diciendo cómo esta es, en última instancia, una forma de satanismo. Y nos está mostrando cómo todo esto se imbrica en las tramas del poder-religión real en la sombra.

Seguramente la imagen más conocida y más inquietante del filme sea la de las gemelas. Pues bien, este es un símbolo evidente de la programación mental. Cualquiera que sepa un poco del tema conocerá el papel central que los gemelos, pero sobre todo, el gemelamiento o twinning, juega en estos programas. Desde los infames experimentos del Dr. Joseph Mengele en la Alemania nazi, hasta el día de hoy, con la continuidad total que corresponde al régimen global nazicapitalista que hoy padecemos, y del que el nazismo fue solo la punta del iceberg. Kubrick sabe todo esto muy bien, y por eso ha hecho de unas niñas gemelas el símbolo central de la película. Y para que no queden dudas de lo que está hablando, las ha colocado en el vano de una puerta, bajo un rótulo en que se lee "EXIT", salida, y al lado de un cartel en el que leemos, en rojo, la palabra "Monarch", 'Monarca'..


MÚLTIPLES BAJO LA MIRADA DEL ÁGUILA

Desde las primeras imágenes sentimos la presencia amenazante del águila, que se cierne sobre la serpiente. Las geometrías piramidales del hotel y de la montaña, que lo mira desde arriba, en la que se llega a distinguir una pirámide truncada, nos sugieren que estamos bajo el dominio Illuminati. El hotel se llama "Overlook", mirar desde arriva, como el águila, como el Ojo que todo lo ve. Y estas pirámides se solapan después con una escalera. Encontraremos muchos otros símbolos a lo largo del filme que nos hablan de esto, de la jerarquía, del ascenso y el descenso sociales.

El águila en el despacho del director, así como extraños gestos de sus manos, nos sugieren que este forma parte de la estructura mafiosa o sectaria del poder real, que le han dado el trabajo a Jack porque forma parte de esta sociedad secreta. Sociedad secreta que se superpone a la sociedad pública, como los álters ocultos de los múltiples se enmascaran detrás de los álters frontales.

La familia Torrance, formada por el padre Jack, la madre Wendy y el hijo de ambos, Danny, es precisamente una familia de múltiples. Numerosos detalles a lo largo de la película nos desvelan que este es el caso de la familia Torrance, que son, en mayor o menor grado, disociados, programados. Que provienen de familias de abuso satánico intergeneracional. Que están vinculados a estas tramas ocultas del poder. Que conforman la base de la pirámide de mafias, de logias, de sociedades secretas, sobre la que se levanta la pirámide Illuminati.

Desde el principio vemos a Danny hablando con su dedo, al que llama Tony, que no es otra cosa que uno de estos álters disociados de su mente múltiple. Los dibujos animados que lo rodean, Bugs Bunny, Mickey Mouse, el Mudito de los 7 enanitos, nos sugieren que es una víctima de programación mental.

A su madre Wendy la vemos también en actitudes típicas de una programada, con signos de insomnio, desganada y leyendo en la mesa, rodeada de libros extrañamente apilados, pendiente del teléfono, con fotos de mascotas pero no de familiares o amigos.

Y el padre Jack es otro múltiple, como nos sugieren la imágenes en que lo vemos reflejado en espejos, durmiendo a deshoras, junto a mariposas, con una camiseta en la que volvemos a encontrar el águila del sobrevuelo, de la disociación, con gestos que aluden a los trances rituales, desde las gorgonas a los Rollings Stones.

Los turistas se van y en el hotel se quedan solo los tres miembros de la familia Torrance. Es importante resaltar este detalle para comprender que toda una serie de personajes que van a aparecer a lo largo de la película no son más que sus álters.

Wendy y Danny van a pasear al laberinto que hay junto al hotel, también llamado "Overlook", mientras Jack las mira desde arriba, como un águila, como el Ojo que todo lo ve. El laberinto sintetiza nuestra interpretación del filme. Jack es el controlador, y Wendy y Danny son los controlados. El laberinto, como el hotel, es la metáfora de la estructura mental de estos múltiples, de la estructura creada por la programación para convertir a un ser humano natural y libre en un programado, en un esclavo, en un robot. Pero como veremos, el controlador es a su vez un controlado.


LA HABITACIÓN 237 ES UN ÁLTER OCULTO

Danny recorre los pasillos del hotel con su triciclo, con un respaldo en el que vemos otra pirámide truncada, del color azul de la programación mental. Pasa junto a un panel que alude a la memoria fotográfica que desarrollan algunos de estos múltiples o álters. Al pasar junto a la habitación 237 recuerda que le han dicho que no debe entrar en ella bajo ningún concepto. Pero Danny se baja del triciclo y se acerca, e intenta entrar, pero la puerta está cerrada.

Entretanto, se cruza en varias ocasiones con las gemelas. Como iremos viendo, Danny tiene una mente disociada. Ha estado antes en la habitación 237, pero esto forma parte de su memoria traumática, que está compartimentalizada en uno de sus álters amnésicos. El símbolo de la habitación y de la puerta cerrada es tan evidente que cuesta comprenderlo. Siempre es lo que está delante de nuestra narices lo que más difícil es de entender. El poder-religión real no se esconde. Se enmascara.

Por su parte, Jack ha tomado posesión del gran vestíbulo central. Aquel en el que desembocan todos los pasillos. Kubrick nos muestra al padre de familia flanqueado por las dos columnas, y a su vez sentado en un trono, en el que volvemos a ver una alusión a Jaquín y Boaz. Y al fondo del vestíbulo se ve una gran escalera, con dos tramos laterales, que interpretamos como la jerarquía del poder, la pirámide truncada Illuminati, con una chimenea en su cumbre.

Y en este vestíbulo central, en el territorio del pater familias, pero que es también la bestia, la madre no es bienvenida. Todo ello bajo la atenta mirada de la pirámide. Estamos en plena agenda satanista, perdón, quería decir transhumanista. Se celebra el sacrificio de la maternidad.

En este espacio central Jack ha colocado su máquina de escribir "Adler", águila. Pero más que escribir se divierte lanzando la pelota con fuerza sobre la chimenea. Sabe muy bien que para ascender en la pirámide lo principal no es el talento sino la lealtad, la obediencia, el secretismo, la disociación.

Así es que Jack se dedica a escribir una y otra vez la misma frase: "Tanto trabajo y tan poco juego hacen de Jack un idiota". Creemos que Kubrick está aquí otra vez aludiendo a la pirámide truncada y a las dos columnas. Así podemos interpretar la primera palabra de la frase, "All", A L L. Es esta jerarquía del poder-religión real en la sombra la que obliga a trabajar tanto y a jugar tan poco, la que hace de todos unos idiotas. En esto consiste la programación mental. En esto consiste el transhumanismo.

Poco a poco vamos descubriendo que todo en el filme es tremendamente coherente, que todo encaja, que todo alude a la programación mental.

Danny se encuentra una y otra vez con las gemelas, en medio de los pasillos o bloqueando los pasos, y acto seguido las vemos asesinadas y ensangrentadas. Y al mismo tiempo, gracias a un montaje genial del director norteamericano, que nos proporciona muchas de las claves para interpretar la obra, vemos ascensores de los que salen ríos de sangre, que invaden los pasillos, a pesar de que sus puertas estén cerradas. Recordemos que los ascensores simbolizan aquí los mecanismos mentales que comunican los distintos subsistemas de álters, los más profundos, traumáticos y amnésicos, con los más superficiales y conscientes. En estos montajes geniales vemos también a Danny en trance, o tapándose los ojos, o hablando con su álter Tony, evidentemente, un dedo fálico, como vamos a ir viendo. Insistimos, estas imágenes y estos montajes ponen de manifiesto un gran conocimiento por parte de Stanley Kubrick, no solo de la psicología en general, sino también de los programas de control mental mediente trauma.

Todas estas imágenes, que son difíciles de interpretar en términos lógicos, que hacen de esta película una de las más enigmáticas del director, cobran sentido como expresión de la programación mental.

Los álters disociados se crean sometiendo a las víctimas a experiencias traumáticas, a abuso sexual, a tortura, desde que son bebés. Incluso desde que están en el vientre de sus madres. La mente se protege naturalmente de estas experiencias y de estos recuerdos traumáticos creando fragmentaciones, que es lo que se denominan álters amnésicos, compartimentalizándolos con respecto a otros álters más frontales, para que no interfieran en la vida cotidiana. Los programadores producen estos álters mediante trauma, y luego los utilizan para misiones específicas secretas, para hacer de estos esclavos prostitutas de lujo, modelos presidenciales, asesinos, agentes de inteligencia, astronautas, políticos, científicos de punta, deportistas de alta competición.

Todo esto es lo que representa la habitación 237, las gemelas asesinadas, la sangre inhundando los pasillos desde los ascensores, las puertas, los números de las habitaciones, las cerraduras, las llaves, las radios.

Kubrick no lo dice abiertamente, para no escandalizar al público bien pensante. Pero a poco que atemos cabos, comprenderemos que Jack está abusando sexualmente de su hijo Danny. En un momento del filme, mientras Danny está jugando con unos cochecitos, aparcándolos en las bandas decorativas de la moqueta, vemos cómo una pelota se acerca hasta él. Ya vimos que Jack, en lugar de escribrir, se dedicaba a lanzar la pelota con fuerza sobre el agujero de la chimenea. Después de que la pelota entra en el hexágono en el que está jugando Danny, la cámara y la moqueta giran 180 grados, y vemos que, también, la pelota le ha llegado a Danny por la espalda.

Kubrick es enormemente sutil, para que solo los más observadores comprendan lo que nos está diciendo. La pelota es el Falo, la misma que Jack lanzaba al agujero de la chimenea. Primero llega por delante y luego por detrás. Jack está abusando de su hijo, obligándole a hacerle felaciones, y sodomizándolo. Esto es, entre otras cosas, lo que está provocando su disociación. Jack (y Kubrick) sabe muy bien que es así como se asciende en la pirámide.

En la siguiente toma vemos a Danny encerrado en el hexágono del pavimento. De la misma manera que los recuerdos traumáticos son compartimentalizados en álters amnésicos. Y para más señas, el hexágono interior es de color rojo.

Algo parecido vimos en un episodio crucial de "La naranja mecánica", que hemos interpretado como un ritual satánico, en el que un "amigo muy influyente" de Mr. Alexander, introducía bolas, una tras otra, con toda parsimonia, en un agujero de una mesa de billar, que era al mismo tiempo la pirámide truncada Illuminati. Mientras Álex, el hijo de Mr. Alexander, se retorcía de dolor en la buhardilla. A buen entendedor con pocas palabras basta.

Danny se levanta para ver de dónde viene la pelota. Entonces vemos que lleva un jersey azul, lleno de estrellas, con el cohete Apollo 11. Quizás el investigador Jay Weidner tenga razón y Kubrick nos esté diciendo algo entre líneas sobre el supuesto viaje a la Luna, que en realidad sería otra película. En todo caso, creemos que este jersey es otra referencia a la "A", esto es, a la pirámide truncada, y al "11", esto es, a las dos columnas, y en general a la programación y a la disociación mental, como sugieren las estrellas y el color azul. Hay que decir que el tema del espacio, los astros, los viajes en el cosmos, etc., como las arquitecturas, se utilizan como bases de programación mental.

Danny llega a la habitación 237 y se encuentra con la puerta abierta, con la llave puesta en el picaporte y un llavero rojo en el que leemos otra vez la cifra 237. A través del vano de la puerta vemos dos espejos girados.

Todo esto encaja en nuestra interpretación. Es su padre, esto es, su controlador, el que tiene las llaves, las claves, el que ha abierto la puerta. En el interior volvemos a ver la chimenea. Y un dibujo en la moqueta muy parecido al de los hexágonos, pero en el que se distingue claramente un falo y unas nalgas. Como decíamos, si atamos todos estos cabos sueltos, llegamos a la conclusión de que Jack está abusando sexualmente de su hijo Danny.

Después, en otro momento de la película, volvemos a ver a Danny en una cama, experimentando una situación traumática. Y otra vez, atando cabos, sabemos que es su propia cama. Que es su padre el que, abusando de él y de su madre, lo está programando.

Danny llega al vestíbulo que se disputan sus padres, con unos arañazos que ha recibido en la habitación 237. Su madre le dice que se vaya, que Jack no se encuentra bien. Lo hace señalando la pirámide. Los múltiples funcionan en grupo, construyen excusas en conjunto para compartimentalizar todo lo que no quieren recordar. De hecho esta es la clave para comprender a sociedades de tipo sectario y mafioso en general, como las sociedades secretas, las cúpulas de las grandes iglesias, las agencias de inteligencia, los Illuminati.


EL SALON DORADO ES UN RITUAL DE CERCANÍA A LA MUERTE

Mientras tanto, Jack se evade de su vida diaria visitando The Gold Room, El Salón Dorado, que Kubrick nos muestra como un gran ataúd. En El Salón Dorado, que quizás podemos también leer como The Cold Room, El Salón Frío, lo único que encuentra Jack es su imagen reflejada en el espejo. Y acto seguido vemos a un barman, que evidentemente no es más que otro de sus álters disociados.

Le pide un bourbon y el barman coloca en la barra una botella de Jack Daniel's. Como vamos a ver, esto tiene mucho más sentido de lo que parece, porque nos sugiere que Jack y Danny son algo más que padre e hijo. Son dos caras de la misma moneda, son dos estadios diferentes de una misma mecánica de programación mental. Son dos fases de un mismo círculo vicioso.

Jack quiere, una y otra vez, pagar su bebida, pero, por unas cosas u otras, el barman termina invitándole. Kubrick nos está hablando aquí de la mecánica perversa que utilizan esas sectas y mafias de las que hablábamos, que son también las que conforman las cúpulas del poder-religión, para atrapar a la gente en sus redes. En el fondo eso es también el dinero.

Wendy ve finalmente los arañazos de Danny. Este dice que se los ha hecho una "loca" en la habitación 237. Su mujer le pide a Jack que se acerque a la habitación. Allí descubre, en un cuarto de baño que parece un templo, una Isis moderna surgiendo de las aguas, apareciendo desde detrás de un velo.

Jack y esta Isis ambigua, al mismo tiempo joven y madura, como una madre frustrada, se besan en el centro de la sala, rodeados de espejos y de orlas decorativas, que nos sugieren que estamos en un ritual sexual. Kubrick ha situado este cuarto de baño unos escalones por encima de la sala adyacente, para subrayar este carácter ritual.

Y mientras se besan, esta Isis ambigua se convierte en una vieja putrefacta. Este es el arquetipo afrodítico, que Kubrick ya nos mostró en "La naranja mecánica". Este arquetipo afrodítico es el que utilizan los satanistas-transhumanistas que nos gobiernan en la sombra para aniquilar el arquetipo demétrico. Kubrick parece haber entendido todo esto muy bien. Ha elegido a una mujer que podría ser madre, pero que obviamente no lo es, que representa todo lo contrario a la maternidad.

El director estadounidense ha comprendido muy bien la vinculación del erotismo y de la muerte. Esta Isis-Afrodita putrefacta es el contrapunto de la madre, de Deméter, de la principal víctima del sistema profundamente satanista que hoy rezuma por todos sus poros.

En este sentido hay que interpretar también la mandorla-vagina mística que Kubrick coloca sobre la cama de matrimonio de los Torrance. De una manera similar a como vimos en el episodio final de "2001". Podemos intuir lo que significa esta vagina mística, si prestamos atención al dedo de Jack, el servidor del régimen del Falo. Después veremos cómo, otra vez frente a esta mandorla, Jack viola simbólicamente a la madre. Todo esto es satanismo en estado puro, pero contado con una sutileza de la que solo este genial director es capaz.

Wendy y Danny son, de hecho, dos víctimas de una misma traumatización cruzada. Por parte de su marido y su padre Jack, pero en realidad, por parte del sistema en su conjunto, que utiliza a Jack como marioneta, como idiota útil. Todo esto es lo que simboliza el vestíbulo, los enfrentamientos de Jack y de Wendy en el vestíbulo, la poderosa presencia de la escalera-pirámide. Como decíamos, Stanley Kubrick nos está hablado de programación mental, pero al mismo tiempo nos está hablando de satanismo y de sociedades secretas, del transhumanismo y del sacrificio de la maternidad. Y lo está haciendo en términos rigurosamente simbólicos. He aquí su genialidad.


LA INVERSIÓN SATÁNICA DE LOS SÍMBOLOS ES EL DOBLE SENTIDO DE LOS DISPARADORES DE CONTROL MENTAL

Otro símbolo central del filme es la palabra "REDRUM", que suena como "red room", 'habitación roja', que Danny escribe en la puerta del baño de sus padres. Aquí se pone otra vez de manifiesto el conocimiento profundo por parte del director de la programación de control mental, y al mismo tiempo, del satanismo. Primero vemos la palabra desde abajo, porque es el bebé Danny el que la está viendo. Y después, pero que es, evidentemente, antes, vemos al mismo Danny escribirla. Pero en realidad este Danny es también Jack, Jack Daniel's.

Después veremos cómo, leída a la inversa, la palabra "REDRUM" se convierte en "MURDER", 'asesino'. La mecánica es la misma que la de los códigos de programación mental. El genio Kubrick ha escrito esta palabra sobre una puerta, porque en el fondo estamos ante la misma mecánica que la de la puerta de la habitación 237. Una sola puerta separa dos espacios, un pasillo y una habituación. O lo que es lo mismo, un álter frontal, público, y un álter oculto, amnésico, traumático. De la misma manera que la misma palabra "REDRUM-MURDER" tiene dos sentidos diferentes según el sentido en que se lea. Estas inversiones son muy habituales en el satanismo y en la programación mental, que en el fondo son una misma cosa. Kubrick ha comprendido muy bien todo esto, y además nos lo muestra en relación con otro tema similar al de la puerta, muy utilizado también en programación, como es el espejo.

Después volvemos a ver a Jack en El Salón Dorado. Como decíamos, evidentemente, todo esto es parte de su mente disociada. No es que sea, exactamente, fruto de su imaginación, sino, de una manera mucho más concreta, fruto de la programación, la traumatización, la disociación. Pero todo ello como parte de una mecánica del poder-religión real en la sombra. Casi nos atreveríamos a decir que esta es la mecánica del poder-religión real, la clave de bóveda en la que se sostiene todo el sistema.

Jack tiene metida en su mente toda esa alta sociedad, todo ese glamour. Pero tal como lo ve desde la perspectiva reducida de la base de la pirámide. Forma parte de ella, pero en un nivel inferior. Suministrando la carne de cañón de la que se alimenta. La forma de ataúd de la sala nos está hablando de todo esto. Nos está hablando de una mecánica de programación mental en la que ocupan un lugar central los rituales de cercanía a la muerte, que a su vez nos llevarían a los cultos de misterios y a los libros de los muertos.

En el Ataúd Dorado, Jack tiene un encontronazo con un camarero, que le tira encima unas bebidas, con tanta corrección como intencionalidad. Otra vez Kubrick nos está diciendo, entre líneas, en qué consisten la masonería, la mafia, las sectas, en definitiva, el poder real: en el compromiso, en el chantaje, en el soborno, en "pringar" a aquellos de los que se pretende obtener algo.

El camarero lo conduce a los aseos, donde nos cruzamos con otra alusión al ascenso y al descenso social, en rojo, para más señas. Allí el camarero lo limpia con mucha amabilidad. Problema-reacción-solución. Y descubrimos que este señor es el Sr. Grady, el antiguo vigilante que asesinó a su mujer y a sus hijas gemelas.

Pero evidentemente estamos ante otro recurso del guión. Como el barman, como toda la gente de la alta sociedad que bebén y bailan en el Ataúd Dorado, el Sr. Grady no es más que un álter de Jack. El genio Kubrick nos lo retrata limpiando con toda meticulosidad la chaqueta de Jack, porque esto es lo que hacen los álters más ocultos, cargar con los muertos de los traumas y de las culpas, y dejar que los álters frontales se diviertan, con la conciencia tranquila.


LA REBELIÓN DE LOS ESPARTACOS DEL CONTROL MENTAL

Pero los programas de control mental de los Illuminati no son perfectos. Algunas veces fallan. A Wendy le ha fallado la disociación y ha acabado comprendiendo que Jack es el abusador y ella y Danny los abusados. Y se revela contra él, precisamente en el vestíbulo, en la encrucijada de los caminos y de los álters, en el espacio que Jack había tomado como su coto privado, naturalmente, bajo los designios de la pirámide.

Y ante la rebeldía de Wendy, Jack la acosa, la lleva a su terreno, que es, como decimos, el de la pirámide, el del ascenso social, siempre dentro de la pirámide. La intenta controlar con signos, que son al mismo tiempo disparadores de control mental y signos satánicos. Otra vez, Kubrick ha comprendido muy bien lo cerca que están el control mental y el satanismo.

El director enfatiza que este acoso se produzca, como decimos, a la vez que ascienden la pirámide. Porque quiere hacernos ver la estructuralidad de esta violencia contra la mujer. No porque sea algo inherente al hombre, sino porque se trata de un régimen fuertemente patriarcal, que al mismo tiempo niega esta patriarcalidad y la disfraza de feminismos mal entendidos, de Afroditas putrefactas y maternidades frustradas, al mismo tiempo que sacrifica sádicamente a las madres y a la maternidad. Kubrick ha comprendido como pocos todo esto, ha comprendido el lugar central que ocupa el Falo en el poder-religión real. Por que el Falo es el instrumento número uno de la disociación. Ha comprendido que ascender en la pirámide, en el régimen falocrático y satánico de hoy, implica rendir culto al Falo, disfrutar de prostitutas sagradas cadavéricas y sacrificar la maternidad.

Pero en la cumbre de este zigurat babilónico, coronado por la chimenea, por la lámpara de Lucifer, en la que habría de tener lugar una hierogamia-violación, cambian las tornas. Decíamos que Wendy es una esclava de control mental, pero no por completo. Todavía está a tiempo de reaccionar y de revelarse, de escapar de su esclavitud. Y efectivamente, el zigurat en el que el rey babilónico había de violar a la prostituta sagrada, se convierte súbitamente en una pirámide azteca, por la que cae el esclavo sacrificado. El verdugo se convierte en víctima. Descubrimos que el controlador es también el controlado. Que estamos ante un círculo vicioso sin el que no comprenderemos nada del poder-religión.

Kubrick nos muestra cómo el verdugo se convierte en víctima, el maltratador en maltratado, el sádico en masoca. Pero lo que hay que entender es justamente lo contrario. El genio nos lo pone difícil, porque solo de la dificultad puede nacer la comprensión profunda. En realidad, es la víctima la que se convierte en verdugo, el maltratado el que se convierte en maltratador, el masoca el que se convierte en sádico. En esto consiste la programación, y en esto consiste el poder real.

Jack ha quedado inconsciente y Wendy lo conduce hasta la cocina, y lo encierra en la despensa. Pero ya decimos, que sea Wendy la que lo golpea y lo encierra es solo un recurso del guión. Lo importante es comprender que Jack y Danny, el padre y el hijo, son dos caras de la misma moneda, son dos estadios de un mismo círculo vicioso. Lo que Kubrick nos está diciendo es que Jack ha sido un niño sometido a trauma, como Danny. Jack encerrado en la despensa es también Danny encerrado en la despensa, es una de las experiencias traumáticas típicas a las que someten a los múltiples. Quien está en la despensa es Jack Daniel's.

Vemos a Jack Daniel's en la puerta, intentando salir. La imagen es la misma que la de Mr. Alexander en "La naranja mecánica", que era también un padre maltratador de su hijo Álex, que a su vez se convertía en un nuevo maltratador. En ambos casos, vemos a estos traumatizados bajo pirámides truncadas invertidas. Que son también ataúdes, como el ataúd de El Salón Dorado. Porque estas traumatizaciones remiten al ritual por excelencia, que es el de cercanía a la muerte.

La despensa, los envases, las cajas de alimentos, simbolizan la disociación y la compartimentación de la memoria, los números rojos que leemos en las cajas de cartón son disparadores de programación. Lo mismo que los libros al lado de Mr. Alexander. Y mientras Jack Daniel's está encerrado llega el Sr. Grady y le vuelve a liar, con cosas de mafias y de masones. Pero ya sabemos que el Sr. Grady es un álter. Si Kubrick ha podido hilar tan fino aquí es porque sabe que, de hecho, estos álters disociados son proyecciones de figuras de la vida real. Y finalmente el Sr. Grady le abre la puerta. Pero es en realidad Jack el que le está abriendo la puerta a Danny, después de someterlo a programación traumática.

Mientras tanto Danny ha cogido un cuchillo y amenaza a su madre, recitando el mantra "REDRUM". Aquí vemos otra vez que el padre y el hijo son dos caras de la misma moneda. El abusador hace del abusado otro abusador, el sádico hace del masoca otro sádico, el verdugo hace de la víctima otro verdugo. Por eso Kubrick nos muestra a Danny cortándose a sí mismo con el cuchillo.

Después escribe "REDRUM" en la puerta. Pero, como decíamos, la primera vez lo vimos desde abajo. Porque el primer "REDRUM" lo leía el bebé Danny, pero quien lo había escrito era este otro Danny, que ya es Jack Daniel's. Y el espejo revela que estamos ante un disparador de control mental. En la pirámide del poder-religión, en las mafias y en las sectas, lo que se enseña es a ejecutar con perfección una determinada labor, sin comprender lo que significa, sin comprender el conjunto de la agenda satánica. Sin comprender que "habitación roja" significa "asesino".


LA VIOLACIÓN DE LA MATERNIDAD Y EL SEGUNDO PARTO DEL TRANSHUMANO

Justo en el mismo momento escuchamos a Jack golpeando la puerta con el hacha. En el mismo momento porque, como decimos, el Danny que veíamos era Jack, Jack Daniel's.

Jack produce una gran abertura, simbólicamente, vaginal, en la puerta, y le dice a Wendy que vuelve al hogar. Mete la mano por la ranura y abre la puerta. Kubrick nos muestra de manera magistral que el controlador, el que abre las puertas con las llaves, el que accede a los álters ocultos con las claves, no ha obtenido estas claves con buenos modales. Nos está mostrando que el programador o el controlador han tenido que ser primero maltratadores. Nos está hablando de la violencia estructural en la que se sostiene todo el edificio de la civilización, para seguir con la metáfora.

A continuación volvemos a ver lo mismo por segunda vez, esta vez en la puerta del baño. Otra vez Jack hace con su hacha una gran abertura, y otra vez Kubrick nos está hablando de una vulva y de una violación. Por eso nos muestra esta violación simbólica al lado de la vulva mística, sobre la cama. Por eso Jack hacía antes un gesto fálico con el dedo, junto a la misma mandorla-vagina mística.

Al mismo tiempo, Wendy y Danny intentan escapar por la ventana del baño. Si antes Kubrick nos mostraba una violación, ahora nos habla entre líneas de un segundo nacimiento, de un parto con dolor, que es de hecho parte de la traumatización. Este segundo parto es en realidad parte del ritual de cercanía a la muerte. Por eso Danny nace en el interior de la pirámide Illuminati, bajo un color azul luciferino. Antes hemos visto esta pirámide de nieve, en varias secuencias, coronada por la lámpara de Lucifer.

Que Wendy puede acceder, aunque sea parcialmente, a sus álters amnésicos, se pone de manifiesto en un episodio del filme, en el que regresa a su hogar. Allí se encuentra, entre cánticos satánicos, con su padre y otra persona disfrazada de oso, con las nalgas al aire, que le está haciendo una felación. Traumatizada, Wendy recuerda la escena, pero no el rostro de la persona que está con su padre, que creemos que es ella misma. Esto confirmaría que estamos ante el abuso satánico intergeneracional, como decíamos al principio.

Escapando de Jack, Danny se interna en el laberinto. Otra vez, en esto consiste la mecánica del poder-religión real, y no en las fábulas que cuentan en las universidades. Esta es la mecánica de las mafias, de las logias, de las cúpulas de las grandes iglesias, de los Illuminati. Todos funcionan, en última instancia, de la misma manera. Lo que hacen de cara a la galería puede variar. Pero en el fondo, todos se dedican a lo mismo y las reglas no escritas son las mismas.

El poder-religión real consiste en acorralar a la presa, de manera que no tenga más remedio que escapar. Pero lo haga atacando a otra presa más débil. Se trata, como venimos insistiendo, de que la víctima se convierta en verdugo, de que el masoca se convierta en sádico, de que el programado se convierta en programador. Es una mecánica vorticial, como la danza del geranos que se bailaba en el laberinto cretense.

El padre corre detrás de las huellas de su hijo, pero son también las huellas de su propio padre, que también le ha perseguido cuando él era un niño.

Y finalmente Danny descubre que solo puede salir del círculo vicioso dando marcha atrás, retrocediendo sobre sus propios pasos y tomando un camino alternativo. Engañando al perseguidor, dejándole caer en su propia trampa.

Después de todo, el perseguidor y el perseguido son el mismo, el verdudo y la víctima son el mismo, el masoca y el sádico son el mismo. Solo tomando un camino alternativo se puede salir del laberinto. Un camino alternativo que no es el del perseguidor ni el del perseguido, el del verdugo ni el de la víctima, el del masoca ni el del sádico.

Pero sobre todo, tomar un camino alternativo y alejarnos de las trampas de la pirámide nos permite mantenernos alejados de los demonios que rondan por esos lares.

Audio en: https://www.ivoox.com/el-resplandor-stanley-kubrick-arquitectura-de-audios-mp3_rf_18622433_1.html

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015). Delirious Heterotopias Delirantes. deliriousheterotopias.blogspot.com