2017-04-25

"Metrópolis" (1/3): el capitalismo como culto sacrificial a Moloch


"Un retrato expresionista de una utopia negativa en la que los humanos son controlados por las máquinas... la base para muchas técnicas rituales electrónicas/audiovisuales empleadas por la Iglesia de Satán, y desarrolladas posteriormente por el Templo de Set."
Este es el comentario del libro "Metrópolis" (1926) de Thea von Harbou, con el que el Templo de Set recomienda/obliga su lectura a sus adeptos. Nos lo dicen Fritz Springmeier y Cisco Wheeler en "The Illuminati Formula Used to Create an Undetectable Total Mind Control Slave" (p. 323). En este libro se basa el guión de la película homónima, de 1927, escrito por la misma Von Harbou y su marido y director del filme, Fritz Lang. La cita es suficientemente expresiva de las vinculaciones entre satanismo, transhumanismo y programas de control mental mediante trauma, que son la clave para comprender en profundidad este clásico de la historia del cine, y de las que vamos a ocuparnos en este artículo.



A lo largo de la película encontramos repetidamente, y de una manera bastante coherente, una serie de símbolos que nos permiten interpretar las citadas vinculaciones. Como en esta, la primera imágen del filme, en la que en el trasfondo de la "metrópolis" se distingue una oscura pirámide.



En la siguiente imagen, a la pirámide se superponen los pistones de la industria, también con forma de pirámides truncadas, que ascienden y descienden. Como veremos todo esto tiene un trasfondo mistérico. Es la catábasis y la anábasis. El descenso a los Infiernos y el ascenso a los Cielos. La catarsis y la anarsis.



Las chimeneas vuelven formar una geometría piramidal, que vemos también en las cornisas de los edificios. Son las sirenas que anuncian el cambio de turno de los obreros.



Como decíamos el cambio de turno es también el descenso y el ascenso a y desde Infiernos. Los trabajadores se mueven como robots, como zombies, como muertos vivientes. Marchan en filas de a 6, al unísono, como hacen los soldados en los desfiles, como si conformaran un solo ser social que ha absorbido la vida y la libertad de cada uno.

En esto consiste el transhumanismo, en la creación de un cerebro colectivo, con las evidentes implicaciones que esto tiene para la libertad individual. Lo que pocos han entendido es que la libertad individual de la que hoy disfutamos es en realidad un medio para nuestra esclavitud, una fase intermedia para la destrucción de las culturas tradicionales y la constitución de una gran colmena colectiva de abejas obreras.



El turno entrante de obreros accede a un montacargas, en el que descienden a la sala de máquinas. Vemos cómo el ambiente se va oscureciendo a medida que descienden.

"En la profundidad estaba la Ciudad de los Trabajadores", dicen los intertítulos. La fábrica capitalista es la materialización del Infierno en este mundo. Es una inmensa máquina sacrificial, una profanización, nunca del todo consumada, del ritual sacrificial humano.



En el "326" que leemos sobre el montacargas vemos una alusión, otra vez, a los dos triángulos, al 6, asociado al Sello de Salomón.



La referencia a la pirámide vuelve a aparecer de manera evidente en estos intertítulos, que de hecho aluden implícitamente a las dos pirámides:
"La Ciudad de los Trabajadores estaba tan profunda bajo la tierra, como alta sobre ella se apilaban las residencias, llamadas el «Club de los Hijos», con sus aulas y bibliotecas, sus teatros y estadios."
Cultura y barbarie son las dos caras de la misma moneda.

La primera imagen de los "Hijos", es decir, los hijos de los capitalistas, los linajes de poder, los muestra compitiendo en un estadio de atletismo. Aquí se anuncia ya un tema central en el filme: la programación mental mediante trauma. De esto no te hablarán los teóricos oficiales del cine, porque están ahí para no hacerlo.



La industria y la maquinaria modernas conviven con el atavismo de los "jardines eternos", en los que disfrutan los privilegiados, que forman parte del "Club de los Hijos":
"Los padres, para los que los giros de las ruedas de la maquinaria se convertían en oro, habían regalado a los hijos el milagro de los Jardines Eternos."
Evidentemente nos están hablando de los cultos de misterios, de las logias, como vamos a ver, de satanismo, que están en el trasfondo de todo gran régimen de poder-religión. También del capitalismo y del hollycapitalismo.



Vemos que los "Jardines Eternos" son una suerte de harén, en el que un mayordomo afeminado (castrado) enseña a unas concubinas cómo moverse con gracia, con sus trajes de gala. El mayordomo pregunta quién de ellas va a acompañar por la noche a Joh Fredersen. Los "Jardines Eternos" son una escuela de prostitución sagrada para satisfacer las perversiones de la élites.



A una de estas concubinas modernas la vemos, entre dos columnas salomónicas, con un velo que cubre su cuerpo desnudo. Esto parece ser una alusión a la Isis egipcia.



Esta Isis capitalista, vestida de negro, seduce a Freder, el hijo del gran capitalista Joh Fredersen. Y cuando ambos están a punto de besarse...



Aparece María, rodeada de niños pobres, los hijos de los trabajadores.



María hace un gesto con las manos, y tiene un cuello en el vestido, que interpretamos como alusiones al anagrama AVM de de Ave Maria. Este detalle es importante, y lo volveremos a ver de otra manera después, y es coherente con todo el doble sentido del símbolo de María que es central en el filme.

Se miran extrañados unos a otros. A un lado los niños desfavorecidos, junto al arquetipo femenino maternal, nutricio, fértil, de María...



... y al otro lado las concubinas adiestradas para satisfacer las perversiones de los capitalistas, esto es, el arquetipo femenino sexual, infertil, protibulario, al servicio del niño bien.

Aquí se anuncia ya un tema central en el filme: la dimensión moral del sistema político-económico, y el papel central que en todo esto juega la figura sagrada femenina.

María les dice a los niños: —¡Mirad, esos son vuestros hermanos!



El caso es que, aunque hace solo un momento Freder estaba a punto de besar a esta Isis moderna, la aparición de María, junto a su actitud hacia los niños pobres, ha tocado su corazón. Se lleva la mano al pecho y rechaza las proposiciones eróticas de Isis. En el broche del sombrero vemos algo muy parecido al anagrama AVM del que hablábamos, así como de los dos triángulos del Sello de Salomón.

Freder le pregunta al mayordomo que quién era esa mujer, pero este no sabe responderle. Y él tampoco tiene idea de lo que ha visto, aislado y adoctrinado como está en un mundo de privilegios y de vida artificial.



Alentado por María, Freder abandona de su mundo de fantasía, y esto le lleva a conocer la realidad de la Ciudad de los Trabajadores, en la que seguimos encontrando muchas referencias a la pirámide.



Después vemos una gran máquina, con alusiones evidentes a la esfinge. Esto nos anuncia ya el tema del control mental mediante trauma, que es utilizado mayoritariamente para programar esclavas sexuales, en lo que juegan un papel central álters animales felinos. La esfinge representa una esclava sexual, una prostituta sagrada, una mujer leona, pero también una verdugo cruel de rituales sacrificiales, como la diosa Sejmet.



En la máquina-esfinge los obreros se mueven de manera robótica. Son parte del cuerpo de la esfinge. Es como si fuesen solo miembros inconscientes, gobernados por el cerebro del "gran autómata" del que nos habló Karl Marx. Este "gran autómata" es la esfinge, en la que se funde lo animal y lo sobrehumano. Estos hombres son robóticos pero también son animales, son controlados por la esfinge, por la esclava sexual de control mental, que a su vez es una controlada.









Hemos visto vinculaciones entre maquinismo y programación mental muy similares en el vídeoclip "Express Yourself" (1989) de Madonna, que obviamente se ha inspirado en "Metrópilis", y que permite comprender lo que significa la esfinge en este contexto. Que cita incluso el lema de la película: "El mediador entre el cerebro y las manos ha de ser el corazón"

https://www.youtube.com/watch?v=GsVcUzP_O_8

http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/09/madonna-el-ojo-sadico-y-el-velo-de-isis.html



Un obrero desfallece de cansancio y no puede evitar el calentamiento del "gran autómata", de la máquina-esfinge, que ahora se convierte en un Moloch hambriento de carne humana.



Nos lo confirman los intertítulos, que vuelven a dibujar una pirámide invertida. Estamos en la Ciudad de los Obreros, en los Infiernos, pero que no es más que la otra cara de la moneda de la Ciudad de los Capitalistas, de la pirámide masona, Illuminati.



Vemos cómo, efectivamente, el "gran autómata" capitalista engulle víctimas sacrificiales humanas. La crisis capitalista no es más que una última vuelta de tuerca de una eterna mecánica sacrificial, en la que el sistema solo se puede regenerar alimentándose de la muerte de parte de sí mismo, incluyendo por supuesto los humanos que le dan, literalmente, vida. Algo tan evidente no se enseña en las escuelas y en las universidades porque estas están ahí para formar esclavos del sistema, que no lo comprendan más que de manera parcial. El sistema capitalista es una inmensa máquina sacrificial, un inmenso Moloch, al que hay que ofrecer regularmente víctimas humanas para satisfacerlo.



En esta imagen se confirma que estas víctimas sacrificiales son los mismos trabajadores que entraban y salían de la fábrica en filas de 6. Pues como vemos, los trabajadores que ascienden por la escalera de la máquina-Moloch forman grupos de 6 x 6, que entendemos siguen aludiendo a las dos pirámides y al Sello de Salomón (2x3=3+3=6).

Como vemos, nuestra interpretación inicial de los turnos de trabajo como descensos y ascensos al y desde el Infierno es acertada. Solo que el Infierno no es un lugar mítico. Es el lugar real del sacrificio satánico. Y en el caso del capitalismo, este ritual satánico se extiende cada vez más a toda la realidad en la que la carne humana es el combustible fundamental del sistema.

Todo esto no lo ha contando el judío satanista Karl Marx, porque estaba ahí para que no se entendiese. Si bien hay que reconocer que nos los dijo entre líneas.



Freder observa la escena sacrificial, arrodillado ante Moloch. El capitalismo es otra religión sacrificial, en la se siguen celebrando rituales de sangre. De la que, como vamos a ver, forma parte intergrante la religión comunista. Sí: el comunismo no se opone al capitalismo, sino que es la otra cara de la misma moneda. Exactamente igual que ocurre con el cristianismo y el satanismo.



Pero la imagen de la máquina-Moloch ha sido solo una alucinación de Freder. Porque, por supuesto, forma parte de un linaje Illuminati satanista y sabe muy bien lo que significa el capitalismo. En la versión políticamente correcta para el profano, es la propia maquinaria capitalista, el "gran autómata", el que se cobra las víctimas. Lo cual es en cierta manera también cierto. Porque el capitalismo es una suerte de profanización, siempre incompleta, del ritual sacrificial. Lo que no quiere decir que el ritual satánico tradicional no siga celebrándose de manera oculta.

De hecho estamos viendo cómo esta ritualidad satánica se va desvelando cada vez más, sin que los fieles sean conscientes del significado profundo de todo lo que ve, hacen, piensan. En esto consiste de hecho el transhumanismo, la programación mental, en una forma más profanizada de satanismo.



Freder sigue arrodillado delante de la máquina-Moloch, pero ahora lo hace delante del desfile de obreros accidentados. El comunismo es parte de este culto capitalista en el que el fiel se identifica con las víctimas sacrificiales del sistema, con los oprimidos, con los desfavorecidos.

Esta mecánica sacrificial permite comprender que capitalismo y comunismo no se oponen. Son dos caras de la misma moneda. Ambos son visiones parciales que se complementan y que hacen posible controlar políticamente a las sociedades y reconducirlas hacia los fines de la élite. El comunismo, el socialismo, el progresismo, no se oponen al sistema capitalista, siempre que estén controlados y suficientemente proporcionados con respecto al capitalismo. Porque el sistema se alimenta de estas oposiciones, que a un nivel superior no lo son, son simplemente distintos papeles en una mecánica que es dialéctica y conflictiva.

El capitalismo no puede reconocer que es una nueva religión sacrificial. El comunismo y sus variedades light está basado en presuestos demasiado teóricos que no consideran que son parte de un sistema único. Que están ahí siempre para ser el malo de la película, para perder en la carrera contra el capitalismo. Las élites capitalistas lo saben y han utilizado el comunismo en esta lógica diálectica, para mostrarlo como el perdedor en esta competición. Lo único que necesitan es que el comunismo sea minoritario con respecto al capitalismo, de manera que este, de facto, sometido a él, y que este suficientemente controlado, mediante tipos como Marx, a nivel teórico, y mediente infiltración en partidos, sindicatos, iglesias de la liberación, etc.

Después de lo que ha visto en la Ciudad de los Trabajadores, Freder, indignado, va a casa de su padre, que llama la nueva Torre de Babel. Al llegar, el padre ve al hijo, pero le hace esperar, porque está ocupado con sus elucubraciones mentales y empresariales.

Freder informa al padre de lo que ha ocurrido, y el padre regaña a su ayudante Josaphat, que parece representar el José bíblico, por no haberle informado del accidente.



Seguimos viendo referencias a las dos pirámides y al anagrama AVM, tanto en los gestos de los brazos de Joh Fredersen y su hijo Freder, como en el relieve mural. Freder parece una alusión a libertad (Freiheit), paz (Frieden), fraternidad, etc.



De nuevo, el mural con la AVM, muy parecido al cuello del vestido de María, ocupa un lugar central en esta dialéctica padre-hijo, capitalismo-comunismo. Esto es muy importante a lo largo de todo el filme, porque supone la vinculación de lo político-económico con lo moral y las relaciones sexuales, todo ello a través del doble arquetipo sagrado femenino.



La discusión entre Joh Fredersen y su hijo Freder tiene lugar en su oficina, en la torre que vemos al fondo en esta famosa imagen. La torre tiene una suerte de corona de la que vemos 3 puntas desde esta perspectiva.



Pero después la veremos desde otra toma, y entonces resulta que esta coronación tiene 5 puntas. Esto es, es prácticamente un pentagrama, y además es recisamente mostrado en sentido invertido.
Esto no parece ser casual, sin tenemos en cuenta que después volveremos a ver el mismo pentagrama invertido en un momento central de la película. La torre coronada con el pentagrama vendría a confirmar la participación del gran capitalista, que podemos interpretar también como un Illuminatus, en el ritual satánico.

Al mismo tiempo que vemos el pentagrama invertido Freder le pregunta a su padre:
—¿Dónde están los hombres, padre, que construyeron esta ciudad?
Y el padre responde: —Donde les corresponde.
—¿Dónde les corresponde? —insiste el hijo.
—En las profundidades.
Y vemos otra vez la imagen del montacargas adentrándose en el Infierno. Todo esto encaja con lo que decíamos: el capitalismo como gran ritual sacrificial de las masas. Pero como veremos más adelante, la mecánica sacrificial es mucho más concreta y pasa por el abuso satánico ritual y la programación de control mental mediante trauma, particularmente de esclavas sexuales.

Al mismo tiempo, podemos interpretar este episodio como la iniciación en la que el padre revela al hijo el misterio del poder Illuminati, esto es, la mecánica sacrificial satánica. Le está diciendo al hijo todo lo que estamos diciendo aquí, que el capitalismo es un régimen sacrificial que se gobierna celebrando rituales sacrificiales humanos y programando esclavos mediante abuso ritual.



Esta iniciación tiene lugar, una vez más, frente al anagrama AVM de Ave María, que como decimos se vincula al pentagrama satánico, y todo ello a la traumatización y sacrificio de la mujer. Como se ve Fritz Lang ha cuidado mucho de que el encuentro de ambos se de justo delante del anagrama. De la misma manera que antes veíamos a los dos uniendo sus manos en un gesto similar.



Seguimos viendo el mismo motivo en muchas otras tomas.

Después de hablar con su hijo, Grot, el capataz de la "máquina-corazón", llega para informar al capitalista-Illuminatus de lo que está sucediendo. Grot recuerda a Grotte ('gruta'), lo que parece ser otra alusión a los misterios ctónicos.



Mientras lo escucha, Joh Fredersen hace con la mano un gesto masón, que sugiere que el capataz es otro masón, esto es, que es un infiltrado de la logia en la fábrica, que está informando de lo que planean los trabajadores. Además "Joh" —John, 'Juan'— es una figura muy importante en la masonería.

Grot le dice a Fredersen que han encontrado unos planos en los bolsillos de los trabajadores accidentados en la "máquina M". Aquí volvemos a ver la "M".



Fredersen le dice a Josaphat que le despide por no haberle informado de los planes de revuelta de los trabajadores. Y le dice que el "banco G" le pagará su salario. Esta "G" es otra referencia a la masonería.





"G" que viene acompañada de otro símbolo masón central: el compás. El Illuminatus, que suponemos es también un alto masón, da golpes con el compas en la mesa, mientras despide a Josaphat. Esto sugiere que la logia está infiltrada y saben muy bien de donde vienen esos planos. Aquí vemos otra vez más signos de que la masonería está infiltrando el movimiento obrero. O en otras palabras, que las élites Illuminati capitalistas pilotan el comunismo, como una forma de disidencia controlada.

Joh Fredersen ha despedido a Josaphat como parte de su estratagia de manipulación, para que parezca que no tiene nada que ver con el movimiento obrero. Como en todos los sectores de la sociedad, de lo que se trata no es de trabajar bien sino de servir bien al amo, al tirano, y mirar a otro lado en lo que respecta a la moralidad de este servicio. Cuanto más ascendemos en la pirámide de poder-religión más cierto es esto, más hay que involucrarse en la inmoralidad y en el crimen si se quiere formar parte de la élite.



Más referencias a la doble pirámide y al anagrama de Ave María, mientras Josaphat sale de la oficina del gran capitalista. Freder le propone unirse a él y al resto de trabajadores en la revuelta comunista.



Freder desciende a la Ciudad de los Trabajadores para formar parte del movimiento obrero. Una vez más vemos la "V" o pirámide invertida, y un relieve de remaches en la puerta con las dos pirámides. Si este detalle aparece una y otra vez es porque forma parte del trasfondo filosófico-mistérico de la película. La idea es que la mecánica del poder-religión, implica ambas dimensiones. Que lo más alto es al mismo tiempo lo más bajo. Que las ideas más sublimes vienen acompañadas de su lado salvaje. Que la cultura y la barbarie son dos caras de la misma moneda. Que el poder-religión remite en última instancia al ritual más atroz de sexo y sangre.



En la Ciudad de los Trabajadores lo primero que ve Freder es un obrero obligado a colocar dos manillas de un marcador en las posiciones que indica la máquina. Es un símbolo muy evidente de cómo la máquina manda sobre el trabajador. Sumisión del trabajador a la máquina pero también al reloj, al tiempo lineal del reloj mecánico, frente al tiempo cíclico de los astros, del Sol y de Luna, como parecen sugerir los dos círculos, de dos tamaños diferentes, que vemos a los lados.

Pero también parece, otra vez, una alusión al pentagrama y al ritual satánico. De hecho en la primera imagen vemos que esta máquina de tortura capitalista, este altar sacrificial moderno, está flanqueada por dos columnas-escaleras, que sugieren un templo masónico en el que este altar está en el sancta sanctorum. Las escaleras son como la dos serpientes o las dos cintas de vegetación que rodean a Jaquín y Boaz, y representan la catábasis y la anábasis.



El obrero que está siendo torturado en este altar capitalista cae desfallecido, y Freder, que lo llama "hermano", llega para socorrerlo. Entonces vemos que en el círculo se destaca también una cruz blanca.

Este detalle es importante porque supone vincular el altar satánico, tal como lo hemos interpretado, con la cruz cristiana. Y todo ello con el comunismo, con el espíritu de "hermandad" y de solidaridad con las víctimas, que está en la base del comunismo y los movimientos de izquierda en general. Comunismo y socialdemocracia son, en definitiva, derivados del cristianismo, solo que en ellos la víctima sacrificial pasa a ser el proletariado en su conjunto, los explotados, los parados, los inmigrantes, etc. En este sentido es ya un neopaganismo en el que se divinizan nociones tales como la "libertad", la "igualdad", la "fratenidad", y a masas sociales que encarnan estos principios abstractos, por activa o por pasiva, por que disfrutan de ellos o porque carecen de ellos. Pero lo importante es que todo ello sigue estando implícito en una mecánica sacrificial, a menudo sin que las masas sean conscientes de ello, y casi siempre manipulado por los maestros del ritual sacrificial que son los masones satanistas. Por eso es un dato tan clave que Karl Marx fuera, como afirma Fritz Springmeier, un satanista.



Entretanto, Fredersen ha encargado a un agente espiar a Freder. Aquí lo vemos escondiéndose detrás de un periódico, en el que volvemos a encontrar otra cifra satánica, el "13".



Freder sustituye al trabajador desfallecido que estaba en la máquina-altar. Este detalle es importante porque, como veremos después, hay una identificación de Freder con Cristo o con el Mesías, con el "Mediador", con el corazón que une el cerebro y las manos, que intercede entre Dios y los hombres.

Ambos intercambian sus ropas. Aquí está toda la idea de la pobreza de Cristo, de su humildad, de cómo se sacrifica para salvar a los hombres, etc. Vemos cómo Freder muestra el gorro de este trabajador, que tiene el número 11811, y que podemos interpretar como las dos columnas del templo de Salomón y entre ellas las dos "Ss", las dos serpientes, iSiS, el ciclo continuo de catábasis y anábasis, etc.



Y algo parecido vemos con luces en forma de hélices, de "S" sobre los tres círculos, que confirmaría nuestra interpretación de que son la Tierra, el Sol y la Luna, y las hélices representan sus ciclos.

El obrero 11811, aparentando ser Freder, se dirige en su coche al lugar en el que le espera Josaphat. Por el camino les llueve, literalmente, propaganda consumista capitalista, incluida una cita de Oscar Wilde que reza: "la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella". El obrero imagina un mundo de disfrute y promiscuidad, en el que el consumismo y la perversión moral van de la mano.



El obrero 11811, en su delirio, ve imágenes de promiscuidad racial, ...



... parejas de lesbianas con aspecto andrógino...



... y vedettes haciendo streptease. Hay que recordar que la película es de 1927, en plenos años 20, que fueron particularmente decadentes en Berlín, en el período de entreguerras, con una gran crisis económica, inflacción galopante, etc. Es decir, esta película está de plena actualidad, porque esto es lo que va a volver a pasar en Europa en un futuro próximo.

Pero lo interesane es que Lang nos muestra todo esto como el resultado de una intensa lluvia de propaganda capitalista. De hecho podemos interpretarla como de procedencia británica, como muestra la cita de Wilde, incluso como una forma de guerra psicológica.

Continúa en http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2017/04/metropolis-23-el-transhumanismo-es-la.html.

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015).